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Panorama y retos en materia de salud para la comunidad trans* en Colombia

Al acceder a servicios de salud, las personas trans* argumentan que son estigmatizadas por funcionarios y personal médico. Piden ser reconocidos como sujetos activos y que sus derechos se cumplan, pues como todos los colombianos están amparados por la Constitución Política.

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Simón Torres, psicólogo clínico de la organización Liberarte, en el desarrollo de su ponencia 'Importancia de la psicoterapia en los tránsitos de género'. / FOTO MÁXIMO CASTELLANOS PEÑA

El sistema de salud colombiano o Ley 100 de 1993 (por la cual se crea el sistema de seguridad social integral) se ha visto en aprietos a causa de las múltiples inconformidades de los usuarios. En este caso, las personas trans* o personas que se sienten fuera de las normas de género convencionales, debido a la precaria atención que reciben en la asignación de citas, la entrega de medicamentos, la lentitud en la autorización de tratamientos médicos y la negligencia médica que en algunas situaciones, han llevado a muchos hasta la muerte.

Dicha comuncapturaidad también ha hecho evidente el desconocimiento de la construcción de sus identidades por parte de los funcionarios y el cuerpo médico. Es decir, se presentan casos en los que hombres trans* que aún conservan su fisionomía femenina, no se les practican citologías, utilizando como argumento que no lucen como una mujer y que por lo tanto no necesitan el procedimiento.

Estas barreras de acceso se pueden identificar desde el ámbito económico, laboral, geográfico, étnico-racial, de identidad de género y de orientación sexual, las cuales impiden la prestación de un servicio de salud integral y sobre todo, humano.

Como un intento de respuesta a esta situación, la coalición de estudiantes en Santander de las Universidades Industrial de Santander (UIS), Autónoma de Bucaramanga (Unab) y de Santander (UDES) que se encuentran dentro de los 16 departamentos que abarca la Asociación Colombiana Médica Estudiantil (Acome), el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre realizaron el ‘Primer Congreso Nacional Trans*: Un enfoque médico y social’ en el Auditorio Mayor ‘Carlos Gómez Albarracín’ de la Unab, el cual contó con la presencia de ponentes que contribuyeron a los retos que plantea la salud trans* desde la perspectiva médica, quirúrgica, psicológica, cultural, legal y  social de las distintas construcciones identitarias.

Camilo Arenas Gallo, vicepresidente de Acome Capítulo Santander  y estudiante de décimo semestre de medicina de la UIS, afirmó que la notoriedad del vacío en las escuelas de medicina respecto a la atención en salud con enfoque diferencial de género es evidente. “Como defensores de que el sistema de salud deba ser un actor positivo en el bienestar de todas las personas, sin que la identidad de género sea un obstáculo, decidimos crear un espacio para el debate académico, las ponencias científicas y la conciencia social para romper estas barreras sociales injustificadas”.

Persiste la poca información

Para Catalina Buitrago Almanza, médica sexóloga de la Universidad del Tolima, durante su ponencia ‘Modelo de atención diferencial para personas trans*’, expuso que dentro de su trayectoria e investigación ha tenido diferentes manifiestos de deficiencia por parte de sus pacientes que ha podido recopilar.

“Los he agrupado como patologización de identidades trans*, falta de atención especializada, la no afiliación a una entidad prestadora de salud a causa de carencia económica, la omisión del uso de nombres identitarios, incongruencias en bases de datos que como consecuencia traen la autoexclusión del sistema de salud,  la compra particular de los tratamientos médicos y procesos o modificaciones corporales llevados a cabo de manera artesanal, que pueden poner en riesgo la vida, explica la experta.

Simón Uribe, máster en estudios culturales de la Universidad de los Andes e investigador en género y sexualidad, afirma que aún con todo lo logrado hasta hoy, existen muchas dificultades en el acceso a la salud y poca información sobre por qué ocurre.

“Si como persona trans* acceder a servicios de salud me representa repetir vulneraciones que ya he vivido en otras esferas sociales, lo más probable es que no quiera participar de estos espacios. Como paciente con construcción identitaria no heteronormativa, se siente la inminente mediación de las creencias de los profesionales a los que se acude, quienes pueden terminar por denigrar o querer “curar” la situación. Si siento que antes que reconocer mi diversidad, intentarán coartarla, no me sentiré seguro”, argumenta Uribe.

Es por esto que, desde su voz, experiencia y trayectoria, el investigador plantea tres puntos clave que considera son horizontes por los que se debe trabajar para garantizar una ciudadanía plena para personas trans*, en materia de salud. Si bien muchas personas trans* viven la segregación generalizada en ámbitos escolares, laborales, familiares y sociales en general, no son sujetos pasivos sin potestad.

Primero, “es necesario que al hablar de salud o problemáticas trans*, ellos y ellas sean reconocidos como sujetos activos, como interlocutores válidos dentro de sus propios procesos”, añade el también investigador.

En segundo lugar, expresa Uribe, los profesionales de la salud, de la mano de activistas y grupos interesados, deben iniciar procesos de sensibilización en trato de pacientes y la debida capacitación a través de la socialización de estándares de cuidado de las personas trans* o con géneros diversos, ya que esto permite que el acceso a la salud se convierta en un lugar seguro para la diversidad.

Finalmente, se debe trabajar desde una perspectiva cultural y social, por un país en el que ser diverso y tener acceso a la salud sea viable en todo el territorio nacional. Es decir, que “ser diverso no sea un lujo urbano, que todas las personas puedan acceder de manera equitativa a estos servicios”, concluye este experto de la Universidad de Los Andes.

Por María Camila Bahamón Pontiluis
mbahamon@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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