Testimonio de vida que invita a la sociedad a donar órganos y...

Testimonio de vida que invita a la sociedad a donar órganos y tejidos

Los pacientes que han recibido un órgano y cuyas vidas hoy son casi un milagro gracias a la donación, piden a la sociedad ser más consiente frente al tema, ya que según el INS, 2.277 pacientes requieren este procedimiento.

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Heriberto Alvarado Caicedo junto a su esposa, Elvira García. / FOTO ALEJANDRA RIVERA.

A la falsa idea de que un trasplante era algo del primer mundo y solo para los multimillonarios tuvo que enfrentarse Heriberto Alvarado Caicedo, quien a los 54 años tuvo que realizarse un trasplante de corazón. La cirugía, que se le practicó debido a la picadura del insecto conocido como pito, se le adelantó en 2008.

Como la mayoría de personas que esperan un trasplante en Colombia (cerca de 1.800, según Instituto Nacional de Salud), Alvarado Caicedo es de origen humilde. Fue criado en Rionegro, Santander, en la finca de sus padres donde predominaban los cultivos de plátano. Allí creció junto a sus cinco hermanos, con los que además paseaba en medio de las plantaciones. Según recuerda, en ese lugar, un insectos de la familia de los populares chinches, también conocido como pito, portadores del parásito que produce la enfermedad de Chagas, le pico y lo enfermó por décadas.

Heriberto asegura que para ese entonces no se le prestaba mu- cha atención a esta enfermedad, incluso recuerda que el día de la picadura su mamá le puso unas yerbas que le calmaron el dolor.

Pero en 2005 empezó a sentir los síntomas del Chagas. Alvarado Caicedo se sentía ahogado cada vez que caminaba y pensaba que era un problema respiratorio. Al consultar al médico este detectó que su corazón estaba más grande de lo normal, y que tenía dicho padecimiento. Por fortuna, como recuerda hoy día, nunca padeció un infarto y tampoco se le taparon las venas; esto son dos de los síntomas más frecuentes de dicha enfermedad.

Debido a su condición económica y a la falta de una in- capacidad, este hombre siguió trabajando en su tractocamión, pero en 2008 su corazón no soportó más. La fatiga era incontrolable y como si fuera poco no podía dormir.

En tres oportunidades estuvo en la clínica, incluso, algunos médicos no le dieron esperanzas de vida. Su esposa, Elvira García recuerda que le dijeron: “lléveselo para la casa, él ya se va a morir y desafortunadamente no hay más remedio… En cualquier momento se muere de asfixia”, le dijeron los galenos Saludcoop EPS.

Paso tres días agonizando y su familia no soportó verlo así. Decidieron llevarlo a la Fundación Cardiovascular de Colombia, con la idea, según afirma la pareja, de que tuviera una muerte digna.

Sin embargo, al llegar se encontraron con una grata sorpresa. Tras varios días de exámenes, los especialistas le informaron que era apto para un trasplante de corazón. Sin pensarlo aceptó inmediatamente. No fue fácil, pues todo se convirtió en una carrera por salvar su vida. Pasó por manos de cardiólogos, psicólogos, psiquiatras, urólogo y otros más que entre risa no recuerda. El último de ellos fue el infectólogo, quien le dijo que debían aplicarle la vacuna del neumococo.

Cuando recibió la orden del trasplante, el cardiólogo le dijo que debía tenerla en la cabecera de la cama y que su celular debía es- tar encendido las 24 horas porque en cualquier aparecía el donante.

Siete días después de someterse a todos los exámenes, el 25 de junio, apareció el donante. Recibió una llamada a las 3:00 de la tarde en la que le informaban que había aparecido su nuevo corazón. “Uy va pa’ esa”, expresó al conocer la noticia, según cuenta.

El corazón era de un joven de 22 años, pesaba 78 kilos, media 1,76 y había tenido un accidente en su motocicleta cuando iba para su trabajo. A las 8:30 de la noche entró a cirugía y a las 5:30 de la mañana salió del quirófano. Durmió casi por 10 horas.

Después de la cirugía, todo fue como si no hubiera pasado nada en su vida, se pudo levantar normal, no le temblaban las piernas, no se sentía desorientado, hablaba y reía con las enfermeras.

En recuperación en la clínica se extendió por 13 días. A los 11 le entregaron la biopsia en la que, en pocas palabras, decía que el corazón se había adaptado a su cuerpo. Tuvo que permanecer 70 días y a los dos meses con la cicatriz, ya estaba sana. Después de esto tiene que asistir a la Fundación cada tres meses a controles, exámenes y a recibir sus medicamentos el anti rechazo, además de charlas y exámenes regulares.

Siempre le pide a todos los santandereanos y colombianos que donen sus órganos, que pueden ayudar a darle vida a alguien más, y todos los días le da gracias a Dios por poner en su camino a la familia de su donante, pues fueron ellos los que accedieron a salvar su vida.

Hoy en día él se dedica al descanso. Es pensionado. Pasa sus días junto a su esposa y viaja a visitar a sus hijos y nietos. Decidió no trabajar más, especialmente porque según asegura, en Colombia, por su edad y por su trasplante, ninguna empresa le da trabajo.

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Por una cultura de la donación
Como Heriberto Alvarado Caicedo, cientos de personas en Colombia que han sido beneficiadas con esta intervención médica piden a la sociedad que sea más consciente frente al tema, especialmente porque, según cifras del Instituto Nacional de Salud (INS), actualmente existen 2.277 pacientes que esperan un nuevo órgano para sobrevivir. De dicha cifra, 2.085 esperan riñón, 135 hígado, 30 pulmón, 24 corazón, un páncreas, un intestino y un riñón.

Dicho procedimiento está avalado en aquellos casos en los que un paciente es declarado en “esta- do de muerte cerebral o encefálica (cese total e irreversible de la actividad de todo el cerebro), pero si fallece por un paro cardiaco, accidente u otra causa solo se pueden donar tejidos, debido a que sus órganos no se conservan por mucho tiempo”, según explicó Fernando Quintero, médico y coordinador de trasplantes de la Fundación Cardiovascular de Colombia.

Los trasplantes de riñón, hígado, corazón, córnea y médula ósea están incluidos en el Plan Obliga- torio de Salud (POS) y por ende, no tienen ningún costo. Asimismo, las personas que necesitan de algún tratamiento de trasplante de órganos o tejidos pueden acceder a él sin importar sexo, religión o condición económica.

En Bucaramanga solo existen dos clínicas que están habilitadas para hacer trasplante de órganos: la Fundación Cardiovascular de Colombia y la Fundación Oftalmológica de Santander (Foscal). Actualmente, en la FCV existen 11 pacientes adultos en espera de riñón, cinco de hígado, dos de corazón; y también, tres niños en lista prioritaria para recibir el ór- gano vital.

Para los departamentos de Santander, Norte de Santander, Cesar y Arauca, la Red de Donación y Trasplantes anunció que en la lista de espera están 27 pacientes que requieren trasplante de riñón, cinco de corazón y tres de hígado; además, existen 184 personas que esperan por un donante de córnea y 54 por tejidos osteomusculares.

Por Daniela Alejandra Rivera
adrivera46@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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