Juego de niños y los recuerdos infantiles: Guido Tamayo

Juego de niños y los recuerdos infantiles: Guido Tamayo

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Para el novelista, es básico que el lector intérprete puntos precisos de la lectura, alguno de ellos se basa en los sucesos que expone y el lenguaje que elige para sus personajes y las expresiones. /FOTO OSCAR TOLOZA

Al leer Juego de niños, la segunda novela del autor colombiano Guido Tamayo, uno empieza a recordar algunos momentos de la infancia que parecían enterrados para siempre en el olvido. En mi caso, recuerdo que era un niño algo callado, que le gustaba mucho el fútbol y que jugaba con mis hermanos en la calle hasta que mi madre nos gritaba que ya era hora de entrar a la casa. También recuerdo que iba, esporádicamente, a la biblioteca a revisar los libros de Julio Verne y Homero, y que escribía poesía antes de dormir, cuando nadie más se daba cuenta.

Portada del libro.
Portada del libro.

En Juego de niños, el lector regresa, por medio de la memoria, a tiempos en donde todo estaba por descubrirse. El narrador nos cuenta la historia de Fernando, Miguel y Lucho, tres niños que conviven en medio del ingenuo interés por observar, tocar, probar o experimentar. Estos niños empiezan a participar en juegos, aparentemente irrelevantes, que determinan poco a poco su carácter y su personalidad.

Cada juego tiene unas reglas específicas y estas posibilitan unos roles de poder. La novela nos recuerda que durante el juego unos mandan y otros obedecen, que mientras unos ríen otros sufren. Fernando es el pequeño a quien el destino le jugó una mala pasada: sus padres lo abandonan, casi siempre permanece solitario y además, en medio de la noche, padece dolores corporales a causa de una enfermedad terminal. Miguel es, según su propia madre, quien “no hará algo importante en la vida”, pues no aprende a defenderse en el mundo y es considerado la sombra de su hermano mayor. Finalmente está Lucho, capaz de arriesgarse y enfrentarse a todo.

La historia es narrada con la maestría de quien entiende los sentimientos infantiles. Tamayo permite que los tres cuenten desde su punto de vista las sensaciones y las percepciones que tienen del mundo. Ellos son los que nos dicen cómo se siente la valentía de defender a un ser querido, el éxtasis de mirar a una mujer desnuda, la desesperanza de escuchar a los padres discutiendo en un aparente murmullo y la tristeza de que la muerte los visite.

Vídeo completo del encuentro con autor ‘Juego de Niños’

Asimismo, es muy llamativo que en el relato encontremos crucigramas que parecen interrumpir el flujo de la narración. Sin embargo, cuando completamos las palabras, horizontales o verticales, notamos que estas tienen una relación directa con los hechos. Las palabras describen las pasiones, los temores y la vida misma de los tres niños.

Sin duda, la novela nos hace recordar lo que fuimos y nos lleva a reflexionar sobre cómo las decisiones tomadas nos construyen como seres humanos. Juego de niños nos recuerda que no todo tiempo pasado fue mejor. Si pensamos en nuestras vivencias descubriremos momentos muy alegres y divertidos, aunque también nos llegarán a la mente la muerte, la tristeza o el dolor.

 Julián Mauricio Pérez
jperez135@unab.edu.co
*Docente del Programa de Literatura Virtual de la UNAB.

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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