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Victoria Fernández asegura que la religión es uno de los temas más difíciles de llevar, especialmente porque muchas personas de la comunidad Lgbti han sido criados bajo creencias y costumbres difíciles de cambiar. / DEYBHOR S. PEÑA PATIÑO

El debate por los derechos de la comunidad Lgbti no para. En el panorama internacional, tras la elección y posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, multitudinarias marchas por la mujer y el rechazo de la eliminación de secciones de políticas incentivadas por expresidente de dicho país Barack Obama en la página web de la Casa Blanca, han despertado la indignación de miles de personas.

En Colombia, la realidad no es distinta. En Santander la diputada por el partido de la U, Ángela Hernández, lideró “Abanderados por la familia” un movimiento en contra del decreto de la Ley 1620 de 2013, con el cual se creó el Sistema Nacional de Convivencia Escolar; norma que garantiza que los menores gocen de un ambiente escolar sano, libre de violencia y discriminación.

Además, propició declaraciones que rechazan el reconocimiento de los derechos de dicha comunidad en las instituciones educativas, desconociendo la viabilidad de permitir que los manuales de convivencia de los colegios públicos y privados del área metropolitana de Bucaramanga se deban acoplar a las necesidades de los niños homosexuales en la región.

Cabe resaltar que, tras el suicidio del estudiante Sergio Urrego, en agosto de 2014 en Bogotá, la Corte Constitucional emitió la sentencia T-478 de 2015 en la que ordenó una revisión a los manuales de convivencia, con el fin de que los colegios instauren normas que garanticen el respeto hacia la población Lgbti.

Frente a estas posturas, la comunidad Lgbti rechazo de manera contundente y firme la desinformación y confusión que presentaba la diputada santandereana en su discurso; haciendo hincapié en la defensa de la identidad de género, la orientación sexual y sus derechos legítimamente establecidos en la Constitución Política.

Mientras el país presenciaba el debate nacional entre Ángela Hernández y el Ministerio de Educación, en el municipio de Piedecuesta, Santander, el estudiante Miguel conocido como Victoria Fernández hacía visible por redes sociales su condición de mujer transgénero, a través del canal YouTube, y mostraba interés por ir a la institución educativa con el uniforme que lo identificaba.

Victoria Fernández durante una movilización de la comunidad Lgbti en Bucaramanga, acompañada de un grupo de amigos. / FOTO SUMINISTRADA
Victoria Fernández durante una movilización de la comunidad Lgbti en Bucaramanga, acompañada de un grupo de amigos. / FOTO
SUMINISTRADA

Una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre
Mónica Victoria Nicola Fernández tiene 17 años: “Pertenezco a una familia santandereana, conservadora, católica, que tiene arraigados conceptos y estigmas muy complejos sobre la comunidad Lgbti y especialmente sobre lo que es ser trans”, asegura.

Cuando decide contarle a su familia sobre su tránsito, ésta no estuvo de acuerdo, “creo que nadie quiere tener un hijo que sea de la población Lgbti para venga otro y lo maltrate”; sin embargo, tampoco se han opuesto.

Al cumplir cinco años empezó a ver que su cuerpo no era el suyo. Le cortaban el cabello y para vérselo largo, usaba cobijas sobre su cabeza y además simulaba ponerse vestidos envolviéndose en cortinas que encontraba.

Desde pequeño, sin tener la conciencia de qué es ser hombre o mujer ‘heteronormada’ (a la que se le imponen las prácticas heterosexuales) llevó su tránsito. “Hay personas que piensan que para ser transgénero tienen que ser violadas. A mí nadie me violó. Mi hogar es común y corriente. Algunos creen que porque no crecieron con el padre o la madre eso influye en la sexualidad. No aceptan que en Colombia las familias de papá, mamá e hijo son minoría”, comenta Fernández.

A los 15 años se exterioriza su tránsito, y empezó poco a poco. A escondidas de su familia, se maquillaba, se ponía los vestidos y tacones de su mamá o abuela, y apenas las escuchaba, corría a bañarse. Así duró seis meses. Próximo a cumplir 16, sale con sus amigas a la calle trasvestido, conoce a otra chica trans, quien la orienta en su proceso.

Faltando tres meses para cumplir 17 años, decide que es hora de asumir su identidad de género. Todos se enteran cuando un docente se acerca y le dice, en plena clase, que si se vuelve hombre le pone un cinco en la materia. En vista de ese atropello sube a la plataforma YouTube un video llamado “Ni una Victoria más en el closet”, en el que comenta el altercado y lo difícil que es ser aceptado, sin rechazo y discriminación.

En ese momento todo cambió. El video se difundió y estalló la ‘bomba’. Uno de los pilares en su vida, su madrina, la creyó loca. Ayudaba en la iglesia y lo que dijeron fue que el demonio la había poseído, que era una atea. Después de ello, asumió su rol femenino por completo, ya que no podía ser hombre de día y mujer de noche.

Según cuenta Victoria, a los 16 años sale a la calle vestido de mujer, orientado por una amiga que le ayuda en este proceso. Al cumplir los 17 decide asumir su identidad de género. / FOTO SUMINISTRADA
Según cuenta Victoria, a los 16 años sale a la calle vestido de mujer, orientado por una amiga que le ayuda en este proceso. Al cumplir los 17 decide asumir su identidad de género. / FOTO SUMINISTRADA

“Nunca cumplí un rol masculino como lo demarca la sociedad, hasta para el deporte era terrible. Desde muy pequeña practicaba actividades femeninas aunque estuviera atrapada en un cuerpo masculino. Me incluía en la danzas, era porrista”, recuerda.

En navidad de 2015 le cuenta a su familia su decisión, y arranca 2016 con su tránsito completo. Es ahí donde inicia su verdadera lucha, “el error de una persona trans es creer que debemos aceptar todo porque lo están intentando y no es intentar, es respetar”.

Luego comienzan una serie de prohibiciones en el colegio, pese a que en Colombia existe un fallo de la Corte Constitucional de 2013, en el que se aclara que en el caso de que un niño o niña desee utilizar el uniforme del sexo opuesto el colegio está en la obligación de concederle ese derecho, porque de lo contrario estaría vulnerando su desarrollo a la libre personalidad.

No obstante, Fernández tuvo que enfrentar todo tipo de comentarios: “puedes tener el pelo largo pero recogido, no puedes maquillarte, puedes usar el uniforme de física, no el diario”. En ese momento se preguntaba: “¿por qué no puedo hacer esas cosas que me identifican como mujer?”, “¿por qué debo esperar aprobación de los demás’”, “¿por qué les cuesta tanto entender que soy mujer’”.

“Lo más complicado, verme en tacones”
Su familia no toma muy bien su tránsito, aún después de dos años les cuesta aceptar y entender que ya no es Miguel, que nunca lo fue, y que ahora es Victoria. “A veces es la misma familia la que te estigmatiza, la que no te ve más allá de una prostituta o estilista. Por eso hay que apropiarnos de los somos”. Sin embargo, el trasvestirse y salir a la calle, la hace libre, feliz, sin ataduras, como lo expresa.

“En mi tránsito hubo muchos golpes, insultos, humillaciones, castigos arbitrarios, y todavía sigo en pie, queriendo destacarme como mujer trans, decidir por mí misma y tratar que para mi familia todo sea más fácil”.

Para su familia verla en tacones los derrumbó, después de haber renunciado a toda creencia religiosa y haber tomado una postura cortante hacia la religión. Lo más duro de asumir fue dejar la ropa de hombre a un lado de la cama y utilizar una vestimenta con la que sintiera cómoda. “Es el momento del quiebre emocional, aunque hay una euforia maravillosa adentro, siempre está latente el ¿será que estoy haciendo algo malo?”, asegura este joven de 17 años.

Así luce Victoria, a sus 17 años. Comenta que en el salón de clases hay días buenos y otros malos, pero ha encajado pese a las adversidades. / DEYBHOR S. PEÑA PATIÑO
Así luce Victoria, a sus 17 años. Comenta que en el salón de clases hay días buenos y otros malos, pero ha encajado pese a las adversidades. / DEYBHOR S. PEÑA PATIÑO

“No es la religión, es su rechazo e intolerancia”
Su vida siempre había estado influenciada por el contexto religioso, en su crianza nunca faltó la creencia. Sin embargo, de ahí todo parte, del rechazo que recibe cuando le expresa a un sacerdote su condición. El hombre la echa de la iglesia y le expresa, “lo que me dices es como si mataras a un hombre y luego te confesaras”.

El mundo de fe que tenía se derrumbó y se dio cuenta que debía cambiar, hacer lo que quería y expresar su realidad. “El rechazo me dio pie para asumir y aceptar que, si Dios no me quería, los curas no me querían, en mi casa no querían mi tránsito, yo sí debía quererme y valorarme como persona”.

Pero no niega que de vez en cuando su juicio se nubla, que su cabeza se llena de prejuicios, “es pecado, soy un demonio, las preguntas constantes: ¿Está bien lo que hago y siento? ¿Estoy enferma? ¿Existe un infierno? Contra dichos cuestionamientos no fácil luchar”, asegura.

Actualmente Victoria cursa el undécimo grado en el colegio Víctor Félix Gómez Nova en Piedecuesta, Santander. Es la primera mujer transgénero en pertenecer a una institución educativa pública, que accedió e hizo valer el derecho que tiene de llevar acabo su identidad de género.

“En el colegio que estudio hay más de 1.500 estudiantes; en él convergen distintas ideologías. Mi salón es bastante particular porque hay muchachos de todas las religiones. El ambiente escolar es positivo, hay días buenos y malos. Hemos encajado, porque hemos aprendido a vivir las diferencias”, concluye Victoria Fernández.

Discriminación en población Lgbti
Según un estudio de la organización ‘Colombia Diversa’, que protege los derechos de la comunidad Lgbti, en el ámbito nacional el 98,62 % de lesbianas, el 97 % de los gais, el 69 % de los bisexuales y casi el 100 % de los transgeneristas, padecen discriminación y desigualdad en el ambiente escolar.

Por Deybhor S. Peña Patiño
dpena725@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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