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La contaminación producida en la extracción del oro y la plata, es una de las preocupaciones fundametales que embargan a defensores del medio ambiente y ciudadanos. /FOTO PASTOR VIRVIESCAS GÓMEZ

Los 20.000 ciudadanos (“más de 3.000” según el periódico conservador El Frente) que marcharon el pasado 16 de marzo por la defensa del agua y contra la megaminería, le siguieron demostrando al Páramo de Santurbán que sí tiene quién se preocupe por su futuro, que es el mismo de los habitantes del área metropolitana de Bucaramanga.

Ese viernes en la tarde, comparsas de locomotoras mineras descarriladas, macabros seres de escafandra y huesos corroídos por el cianuro y el mercurio, papayeras, pancartas con consignas como “Salvemos el agua, salvemos la vida” o “¡El agua y la vida no se negocian!”, ancianos, padres de familia, sindicalistas, diputados, obreros, amas de casa, estudiantes, docentes, pequeños mineros de Vetas y California venidos a menos, músicos, poetas, veedores y defensores de derechos humanos, seguidos de cerca por decenas de policías con escudo, bolillo y gases, partieron de la Puerta del Sol, tomaron la carrera 27 y por la calle 36 descendieron hasta la Plaza Cívica ‘Luis Carlos Galán’, lugar de concentración.

En la celebración de un aniversario de la ‘Revolución’ –rebeliónde los Comuneros (1781), también desfiló la bandera de Canadá con la calavera del pirata, las dos tibias y la frase: “Venimos por el oro, ¡arrasando y engañando!”.

Alentados por consignas como “el agua vale más que el oro”, la jornada transcurrió en orden salvo una ‘papa-bomba’ arrojada frente a las instalaciones de Eco Oro Minerals Corp (hasta el año pasado Greystar) y los disturbios registrados al caer la tarde cuando en la Plaza Cívica un grupúsculo de muchachos increpó, insultó y lanzó objetos contra los agentes, que de inmediato recibieron el apoyo de los acorazados del Esmad, quienes con bombas lacrimógenas y macanas, y desplegando su fuerza bruta, se trenzaron en una batalla campal, en la que no faltó la mujer de 60 años que sacó de su mochila una botella con pólvora para tirarla y aumentar el caos que fue aprovechado por unos cuantos saboteadores infiltrados.

Como en la marcha del 25 de febrero de 2011 -día en el que caminaron más de 40.000 personas-, en esta nueva ocasión los santandereanos atendieron el llamado de organizaciones como movimiento cívico Conciencia Ciudadana, Sociedad Santandereana de Ingenieros, Comité Pro-Santurbán, Sindicato del Acueducto y Fundación Compromiso, a pesar de mensajes anónimos que pretendían causar confusión diciendo que estarían presentes la ex senadora Piedad Córdoba y los congresistas Jorge E. Robledo e Iván cepeda, como si éstos fueran delincuentes o representaran una amenaza.

En esta ocasión como en la anterior y en las otras jornadas, foros y audiencias de los últimos tres años, la protesta estuvo dirigida a cuestionar la permisividad de las autoridades ambientales y los organismos de control, así como los ambiciosos proyectos no solo de la canadiense Eco Oro (Greystar), sino también de otras mineras como Ventana Gold, Galway, AngloGold Ashanti, CVS y AUX, todas con intereses, títulos mineros y miles de hectáreas compradas en el Páramo de Santurbán y su área de influencia.

La marcha estuvo precedida por pronunciamientos como el del alcalde Luis Francisco Bohórquez, quien el 16 de marzo declaró que: “Desde España, como alcalde de la ciudad, acompaño de corazón a los ciudadanos de Bucaramanga y del área metropolitana, que hoy compartimos la agenda ambiental por la ciudad, y que hoy estamos al lado de la defensa de la sostenibilidad ambiental de Bucaramanga”, y el ex gobernador de Santander, Horacio Serpa Uribe, quien ese mismo día señaló: “El Páramo de Santurbán, su entorno, sus bienes y servicios ambientales, son un patrimonio de Colombia por los cuales nos corresponde velar y responder a todas y todos los santandereanos. Por eso es elogiable y altamente conveniente que la ciudadanía se manifieste en favor de un propósito tan altruista y de amplios beneficios”.

También por pronunciamientos como el del gobernador Richard Alfonso Aguilar Villa, quien el 6 de marzo, en la cuenta de twitter ‘Gob. De Santander’, escribió: “No me opongo ¡las marchas no traen por sí solas la solución! Invito a la gente a que en vez de marchar hablemos y solucionemos” y el 16 de marzo en la cuenta ‘Richard Aguilar V.’, anunció: “Mi compromiso por hacer todas las gestiones pertinentes para declarar reserva natural parque Santurbán. Si a la protección del ecosistema”.

Expresiones seguidas por un editorial de El Frente, del político conservador Rafael Serrano Prada, que en 17 de marzo aseveró que los estudiantes de colegios oficiales y privados “fueron obligados a marchar” y sostuvo que: “Durante más de quinientos años de explotación de las minas de Vetas y California, -quizá desde los tiempos de los pueblos indígenas se han utilizado en la Cordillera (sic) de Santurbán procedimientos rudimentarios para la extracción de los metales preciosos y nadie se ha muerto por el consumo de cianuro y de otros elementos químicos utilizados en las plantas de lixiviados, que funcionan con el agua que fluye de sus montañas. Solo que ahora, que las compañías extranjeras realizaron grandes inversiones, para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes y trajeron la tecnología que les hace falta para acelerar los procesos de la minería, han aparecido los profetas del desastre para vaticinar el cataclismo que pude (sic) sobrevenir al funcionamiento autorizado de la alta minería en la región”.

‘Profetas del desastre’, ‘vírgenes necias’, defensores del medio ambiente o ciudadanos como Erwing Rodríguez Salah, Jairo Puente Brugés, Florentino Rodríguez Pinzón, Orlando Beltrán Quesada, Christiane Lelievre, Isabel Ortíz, Roberto Schmalbach, Donaldo Ortíz Latorre, Gabriel Galán Sarmiento, Carlos Alberto Morales y Jaime Calderón Herrera, quienes sostienen que no darán su brazo a torcer en la causa del agua y Santurbán, y seguirán marchándole hasta que este páramo sea reconocido como parque natural, libre de megaminería. Los organizadores de la marcha destacaron la “excelente respuesta por parte de la comunidad al llamado en defensa del agua y nuestros ecosistemas estratégicos”, pero también denunciaron: “La actitud del gobierno departamental y nacional, los días anteriores a la jornada del 16, encaminada a restarle importancia a la convocatoria y a hacer señalamientos, -cuan más distantes de la realidad-, con el propósito de arrojar un manto de duda sobre la legitimidad de la protesta ciudadana, que busca que el Estado y las autoridades competentes cumplan con los principios constitucionales en la defensa del agua, la biodiversidad y el territorio, sobre el enriquecimiento de unos pocos, delata su posición en torno a este tema de vital importancia”.

Por último, el Comité para la Defensa del Agua y del Páramo de Santurbán rechazó “la actitud de provocación de la fuerza pública y la manera violenta y arbitraria en que procedió contra los manifestantes”.

Día mundial del agua

El pasado jueves 22 de marzo, los amigos de la naturaleza celebraron el Día Mundial del Agua, una iniciativa de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que este año giró en torno a la relación entre agua y seguridad alimentaria, dado que la falta del líquido vital es una de las principales causas del hambre y la desnutrición.

A la advertencia de que “las alteraciones del ciclo hídrico producto del cambio climático, provocan lluvias irregulares y mayores temporadas de sequía, lo que puede acarrear escasez temporal de agua y de alimentos”, entidades como el Instituto Alexander von Humboldt le han sumado cifras escalofriantes como que en el año 2025, “1,8 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua”, y plantea el reto: ¿Cómo garantizar alimentos y agua suficientes para cerca de 9.000 millones que se espera habiten el planeta en el 2050?

Aquí es donde los santandereanos deberían enterarse que Colombia posee el 49% de los páramos del planeta, con una superficie aproximada de 1’932.987 hectáreas en el 1,7% de su territorio continental. Fuera de eso, “almacenan grandes cantidades de agua, no solo en sus pantanos, turberas, lagos y lagunas, sino en sus suelos. Luego la liberan casi por goteo hacia arroyos, ríos, quebradas y demás cuerpos de agua, que se encuentran en las zonas de vertientes y valles más bajos. Como resultado, a los páramos les debemos gran parte del agua utilizada en la producción agropecuaria e industrial, además de la empleada para consumo humano, pues surten los acueductos municipales y los de las grandes ciudades andinas de Colombia”, entre ellas Bucaramanga y su área metropolitana así como Cúcuta.

Por esa razón es que el Instituto Alexander von Humboldt, dirigido por Brigitte Baptiste, defensores del medio ambiente y ciudadanos conscientes del problema que les va pierna arriba, insisten en que es indispensable promover acciones que conserven los páramos del país -Santurbán no es la excepción-, principales reguladores y dosificadores del agua para las comunidades que están por debajo de su ubicación.

Por Pastor Virviescas Gómez
pavirgom@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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