El poder sanador del chocolate

El poder sanador del chocolate

Sergio Fernando Perea Bautista, conocido como el ‘Doctor Chocolate’, es un médico cirujano que creó una fundación con este mismo nombre. Su propósito es llevar esperanza y alegría a niños hospitalizados en Bucaramanga.

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Cada domingo el “doctor chocolate” se presenta en diferentes centros comerciales de la ciudad para recaudar fondos de las personas que asisten a sus espectáculos. Las donaciones son entregadas por el equipo de “choco doctores” a niños hospitalizados de bajos recursos en Bucaramanga. /FOTO SUMINISTRADA

“Le voy a enseñar a hacer una cosa que le va a cambiar la vida a muchas personas”. Esa fue la frase que le dijo Isabel Sandoval Fuentes, su abuela paterna en una navidad, mientras Sergio Fernando Perea Bautista terminaba su bachillerato. En ese momento se preparaba para ser admitido en la Escuela de Medicina de la Universidad Industrial de Santander, UIS.

Desde que estudiaba en el Colegio Rafael Pombo de Floridablanca, sabía que su pasión iba encaminada a “brindar ayuda a muchas personas, en el momento que más necesitaran. Más allá de una remuneración económica, quería recibir las gracias mediante una sonrisa o un abrazo”. Fue así como desde su adolescencia soñaba con ser médico.

Para costear sus estudios superiores, su abuela le regaló unas barras de chocolate para fundir y le explicó cómo preparar este tipo de dulce. Por su parte, él quería darle un factor diferenciador al producto y compró diversos moldes con figuras navideñas. A finales de 2001 comenzó está afición que más tarde se convertiría en un proyecto social.

El día que ingresó a la facultad ella falleció, pero le había dado una receta que estaba teniendo éxito entre sus compañeros de universidad.

Un día de clases tuvo que crear una cuenta de correo para realizar un trabajo en grupo, donde le pedía ingresar un sobrenombre.

Sin saber qué escribir en esa casilla, una amiga le sugirió apodarse ‘Doctor Chocolate’ porque combinaba su profesión y su pasión. Sin dudarlo desde ese entonces adultos y niños lo llaman así.

La vocación de ayudar

Perea recuerda que contaba los días y el transcurso de cada semestre para poder tener contacto con los pacientes. Sentía ansiedad por la llegada de ese momento. El primero fue un niño con cáncer, y la primera vez que habló con él “me contó tantas cosas y tantos sueños, que cuando llegué a mi casa no pude contener el llanto”.

Se daba cuenta que ese tipo de historias se repetían a diario, pues la mayoría de niños tenían enfermedades graves y situaciones socioeconómicas difíciles de sobrellevar, que les estaban borrando la sonrisa a temprana edad.

Avanzaba su vida universitaria y veía cómo cotidianamente “los médicos y profesionales de la salud, eran personas frías, que incluso anulaban sus sentimientos, y no veían en sus pacientes seres humanos, sino alcancías para llenar de líquidos o medicamentos”.

En ese momento hizo un alto en el camino y se propuso cambiar esa situación. No concebía que la práctica de la medicina desconociera el valor de un ser humano y su ideal era que más doctores vieran a los pacientes como personas con sentimientos respetables, comenta el galeno de 32 años.

La risa como terapia

Mientras pasaba su jornada en el Hospital Universitario de Santander como estudiante, descubrió que “las personas hospitalizadas no solo tenían necesidades respecto a sus enfermedades, sino también necesidades emocionales”.

Desde entonces empezó a implementar la “risoterapia” como estrategia para ayudar a la mejoría de los niños internados.

Según Sigmund Freud, neurólogo austriaco y fundador del psicoanálisis, cada vez que una persona ríe, el cerebro da una orden que provoca la segregación de endorfinas, que son sustancias con propiedades similares a la morfina, que alivian el dolor, aportan tranquilidad y ayudan a tratar la depresión.

Perea afirma que la risa es una herramienta para sobrellevar las enfermedades, y de esta manera “mantener y preservar la salud física y emocional del niño, el adulto, el anciano, la mujer embarazada y la comunidad en general”.

Según él, esta terapia permite ver las situaciones desde el lado positivo para sacarle el mayor fruto a la vida, mejorando la salud, por medio de emociones placenteras.

La fundación de ‘choco doctores’

En 2009 se crea la Fundación Doctor Chocolate, una entidad sin ánimo de lucro cuya misión es llevar sonrisas y una voz de aliento a personas hospitalizadas, especialmente niños con cáncer.

Se abordan mediante el formato de “payasos terapéuticos”. La producción y venta de chocolate, financia y respalda la obra social.

La compra se puede hacer a través de su sitio web o en actividades que se realizan en centros comerciales de la ciudad, para recoger fondos y donaciones.

A esta causa se han sumado voluntarios, mediante convocatorias realizadas por él, donde deben enviar un video respondiendo la pregunta: ¿cómo cambiarían el mundo usando una nariz roja de payaso? posteriormente reciben una capacitación de dos meses.

Se preparan integralmente y llevan diversas actividades a los más pequeños de los hospitales de Bucaramanga y su área metropolitana.

Además reciben un pseudónimo, con el cual los niños los van a identificar. Su hermano, el abogado Christian Fernando Perea, es su mano derecha y es conocido como el ‘Doctor Arti’.

Actualmente hay 70 ‘choco doctores’ dispuestos a servir cuando sea necesario. Las visitas están acompañadas de juegos, bailes, obras de teatro y canciones propias del “Doctor Chocolate”. Así mismo, trabajan para hacer realidad los sueños de niños con cáncer que escriben sus cartas a la fundación con la ilusión de lograr sus anhelos y ser felices durante su enfermedad.

La próxima meta de la fundación es crear dentro de unos años el Hospital Pediátrico Dr. Chocolate, una institución que brinde servicios integrales de salud a niños de escasos recursos, haciendo énfasis en enfermedades hemato-oncológicas (cancerosas).

Algunos de los pseudónimos de las voluntarias son: “copitos”, “armonía” “estrellita” “cerecita” “violeta” “tata” “melocotona”, entre otras. Estos nombres les permiten a los niños su fácil recordación. /FOTO SUMINISTRADA
Algunos de los pseudónimos de las voluntarias son: “copitos”, “armonía” “estrellita” “cerecita” “violeta” “tata” “melocotona”, entre otras.
Estos nombres les permiten a los niños su fácil recordación. /FOTO SUMINISTRADA

Herencia familiar

Desde joven, Sergio Fernando ha tenido la oportunidad de ver como sus padres ayudan a muchas personas con sus capacidades y conocimientos. Su padre Hernando Perea Sandoval, comparte su profesión, y “ha dedicado su vida a practicar una medicina basada en las buenas acciones por las personas que atiende, especialmente los pacientes de escasos recursos y situación de riesgo social”. Igualmente, la administradora de empresas Teresa

Bautista Lancheros, su madre ha dedicado gran parte de su tiempo al servicio voluntario en beneficio de las personas más necesitadas en diversas organizaciones de servicio a la comunidad como la Cruz Roja, la Defensa Civil, y actualmente en la fundación de sus hijos.

A lo largo de su carrera como el Doctor Perea para los adultos y el “Doctor Chocolate” para los más pequeños, ha sido exaltado con más de 10 reconocimientos y galardones nacionales e internacionales, en los que se destaca su labor como médico, emprendedor y personaje del año en 2010 otorgado por Vanguardia Liberal.

Su proyecto también se ha expandido a YouTube, creando contenido educativo para niños, mediante videos infantiles con su equipo de trabajo.

Con esta nueva actividad ganó el concurso “La Nueva Estrella de Internet” en 2016, organizado por el Instituto de Negocios de Sarasota en Estados Unidos, para emprendedores latinoamericanos.

Por Angélica Jiménez Blanco
ajimenez215@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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