Jorge Isaacs y 150 años de María

Jorge Isaacs y 150 años de María

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Jorge Isaacs es de esos escritores que no ha necesitado publicar muchas obras para consolidarse como uno de los mejores de las letras hispanas. Nacido en 1837 en Cali, y proveniente de una familia pudiente, su infancia aún es una incógnita. Parece que él mismo quería preservarla en su memoria. En una carta autobiográfica que escribió a uno de sus amigos expresó: “Nací en el estado del Cauca (basta eso) el 1 de abril de 1873”. Sin embargo, en varios de sus más líricos poemas aparecen referencias a sus primeros años. De su primera etapa poética, como la han llamado algunos críticos, aparecen poemas como “La tumba azul”, en donde se rememoran la niñez y sus entrañables espacios:

“Estos, los mismos son, campos queridos
Do la niñez pasé. De sus cuidados
La memoria tan solo…una memoria
Quedole al corazón” (fragmento, 1861).

Ya en su juventud empieza a formarse como el gran escritor que luego sería. Se interesa por el drama y, entonces, salen a la luz obras históricas como “Amy Robsart” (1859), “Los montañeses en Lyon” y “Paulina Lamberti”. Los dos primeros dramas aún son inéditos, el tercero fue publicado en 1952 por Rafael Maya. La calidad literaria de estas obras siempre ha sido cuestionada, pero el propio autor fue su mayor crítico; por ejemplo, de su tercer drama, afirmó: “Borrones de muchacho. Habría que hacer todo el drama de nuevo, si no es mejor quemarlo”.

A finales de los años sesenta, Isaacs vivió una de las experiencias que marcaría, junto a sus tiempos de infancia, la creación de su obra cumbre: María. Nombrado subinspector de los caminos entre Buenaventura y Cali, el autor vivió en un campamento en medio de las espesas selvas colombianas. Allí, debajo de una luna brillante empezó a contar la romántica y trágica historia de Efraín y María. Mientras observaba las obras “viales” y se enfermaba de paludismo, inició un relato poblado de paisajes idílicos donde “las auras del desierto pasaban por el jardín recogiendo aromas”, donde “las montañas blanqueaban algunas nubes desgarradas” y donde dos jóvenes amantes son separados por la muerte.

Cuando María fue publicada en 1867 solo se imprimieron ochocientas ediciones, cada una valía $1.60. Su éxito fue inmediato. La obra empezó a atrapar lectores de todas las latitudes y de todas las épocas. Escritores de la talla de Rubén Darío, Unamuno y Jorge Luis Borges la aclamaron una y otra vez. No es para menos. Hace 50 años, cuando cumplió su primera centuria, la obra se había editado 150 veces, se había traducido a decenas de idiomas y adaptado al cine. Hoy sigue vigente y es capaz de motivar todo tipo pasiones, emociones y opiniones; aún sus páginas se analizan y se disfrutan con natural asombro.

Posteriormente, el autor continuó su oficio de escritor. De su segunda etapa poética, en 1881, cuando ya era considerado una figura relevante de las letras, publicó Saulo. Con este poemario demostró la evolución poética que lo llevaría a ser reconocido como uno de los máximos exponentes del lirismo latinoamericano. En esta obra piensa, reflexiona, siente, sufre y sabe expresar temas como el destino, el amor y la poesía misma:

“Duerme tranquila que tu sueño espío,
Y en cambio sólo aspiraré tu aliento,
cual en las siestas plácidas de estío
en los bosques del Maipo soñoliento:
no les temas al piélago bravío
ni de alta noche al huracán violento;
como mi alma en tus ojos, amor mío,
en la mar se contempla el firmamento (…)”
(Poema Saulo) 

Fernando Charry Lara escribió alguna vez que consideraba este libro “una de las más hermosas, misteriosas, maltratadas y desconocidas creaciones de la poesía colombiana”. Quien disfrute de los treinta poemas que contiene el poemario podrá darle la razón. Asimismo, quien vuelva a tener entre sus manos alguna obra del autor de María comprenderá que, como afirmó Borges, “Isaacs no era más romántico que nosotros”. Ser romántico no es una moda que caduca con el tiempo, es un estado sentimental muy humano que se lleva guardado en algún lugar del alma.

Por Julián Mauricio Pérez G.*
jperez135@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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