La otra cara de los migrantes de Venezuela: los colombo-venezolanos

La otra cara de los migrantes de Venezuela: los colombo-venezolanos

A pesar de estar amparados por la Constitución Política, la situación de cientos de ciudadanos se torna cada día más crítica debido a que las rutas de atención en materia educativa, de salud y de oportunidades laborales son escasas.

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Una de las peticiones de la comunidad venezolana que habita en Bucaramanga y el área metropolitana es la expedición de una visa migratoria humanitaria, un documento similar al que entrega a Perú a los venezolanos, llamado Permiso Temporal de Permanencia (PTP), después de tres meses de estadía en ese país. / FOTO JUAN FELIPE LEÓN MONCADA

Al recordar la historia de su familia, Martín Carlos Alberto Cadena León da un contexto de lo que fue la migración de colombianos hacía Venezuela en dos momentos. El primero se relaciona con su abuelo colombiano, Luis Alfredo León García, líder del Partido Liberal en Santander y político de San Vicente de Chucurí. Partió hacia el vecino país huyendo de la violencia bipartidista, junto a su abuela. Se fueron con la ayuda de amigos, atravesaron los páramos y la frontera, y finalmente fueron acogidos en Caracas por miembros del partido Opción Democrática, de afinidad ideológica con el liberal colombiano. Ocurrió a principios de los años 50, cuando la migración de colombianos apenas empezaba a darse.

Instalados en la capital venezolana, nace Astrid Fabiola León de Cadena, madre de Martín Carlos. En un segundo momento, Cadena León ubica a su padre, también colombiano, Alberto Cadena, en la década de los años 60, cuando obtuvo el título como ingeniero mecánico e industrial en la Universidad Industrial de Santander (UIS) y trasladó a Caracas a un intercambio. A través de la Unesco, estuvo en la Universidad del Oriente y luego se marchó a Alemania y finalmente viajó a Estados Unidos donde realizó estudios de posgrado. Años más tarde, conoció a la madre de Martín Carlos, con quien establece una familia criada tanto en tierra santandereana como caraqueña.

Toda esta explicación la entrega porque ve necesario que muchos detalles se aclaren frente a la situación que viven cientos de migrantes venezolanos, que a raíz de la crisis social, económica y política han tomado rumbo a tierras colombianas en busca de “tranquilidad y nuevas oportunidades”. No todos vienen por prostitución o son indocumentados. Los registros evidencian que al menos 17 mil han llegado al departamento y que al menos 8 mil residen en Bucaramanga. Entre ellos hay una cifra significativa de ciudadanos colombo-venezolanos. Es decir, tienen la nacionalidad colombiana y, por ende, acceso a derechos básicos como la salud, educación y un trabajo digno.

“Nací en Bucaramanga, me parió Colombia, pero me crió Venezuela. El artículo 96 de la Constitución Política nos da la nacionalidad colombiana por nacimiento en el exterior. El trámite es sencillo, se hace el registro en el consulado venezolano y el trámite queda listo. Así es que muchos obtuvimos la nacionalidad de este país”, comenta Cadena.

Al recordar el espacio que tuvieron en el Concejo de Bucaramanga el 21 de junio, agrega que poco se conoce de la verdadera situación que se vive en la capital santandereana. Comenta que se hace énfasis en la prostitución y en los vendedores informales, pero no se ha analizado que, por la falta de información y por la negativa del Gobierno de Venezuela, los colombo-venezolanos llegan a la ciudad sin documentos que lo acrediten como tal “Hemos identificado que se
emplean en el sector de la construcción y trabajos informales. Lo que ocurre en Venezuela es que el gobierno no les está apostillando la partida de nacimiento en el consulado, y por eso no se les otorga la nacionalidad. Desde hace tres años la situación se ha venido agravando”, comenta.

Perfil de los migrantes
Periódico 15 conoció una encuesta hecha el 28 de mayo por distintos profesionales venezolanos y colombo venezolanos, quienes en vista de las necesidades de sus compatriotas decidieron adelantarla para, además, ofrecer alternativas tanto a los gobiernos locales como nacional. Además de conocer la edad, el género, la condición de vida y los vínculos con Colombia y sus expectativas de vida, los encuestadores definieron los primeros perfiles de la masa migratoria que busca instalarse en Bucaramanga.

Aplicada a una muestra de 114 personas, se conoció que el 47 % de la población encuestada tiene un grado de consanguinidad directo con colombianos, principalmente “ambos padres (28 %), sólo madre (26 %) o abuelos (22 %)”.

Si bien la mayoría expresó que sí adelantaba trámites de nacionalidad, se encontró que solo el 22 % ha conseguido la cédula colombiana. Ysabel Cristina Briceño Romero, docente del programa de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, quien participó en la aplicación de la encuesta, comentó que la llegada de migrantes se ha intensificado en el último año (74 % de los encuestados) y que un número importante, se encuentra en edad productiva, es decir, el 84 % (entre los 16 y los 60 años). De acuerdo con el documento, la población infantil, adolescente y los mayores de 60 años son los más vulnerables.

Las estadísticas que entrega Migración Colombia evidencian que a la fecha han ingresado a la capital santandereana 5.482 venezolanos que han expresado su intención de quedarse en esta zona del país, la cual hace parte de los 42 puntos de ingreso de esa población a tierras colombianas. No se tiene el dato exacto de cuántos han ingresado por medio trochas o de forma ilegal. Tanto el gobernador de Santander, Didier Alberto Tavera Amado, y el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández Suárez, le han pedido al gobierno nacional una política clara en materia de atención a esta población, pero nada es claro a su llegada a tierras santandereanas como inmigrante venezolano.

Por su parte, el concejal liberal René Garzón solicita que se active todo lo relacionado con la ruta de atención en materia de trata de personas, y además, pide a la administración municipal que dé a conocer las estrategias de control para la llegada de venezolanos y las ayudas humanitarias de acuerdo con los tratados internacionales, para “brindar una ayuda a los que legalmente han podido entrar al país”.

Dejarlo todo y empezar de cero
Mairene Tobón Ospino es madre de dos niños de 4 y 6 años. Estudió docencia en la Universidad del Zulia, luego hizo una maestría en informática educativa en la Universidad Rafael Belloso Chacín y se doctoró en ciencias mención gerencia. Tenía tres trabajos en Venezuela antes de llegar a Colombia. Esos empleos le permitían cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda y movilidad.

Tras buscar varias oportunidades, pues como ella segura “el venezolano le apuesta a quedar en su país hasta lo último”, su esposo gana una estancia posdoctoral en física en la UIS. Y es así como las historias que Tobón Ospino había escuchado sobre su descendencia regresan al presente y la ubican en una nueva realidad, pese a ser colombo-venezolana.

“En Venezuela siempre me preguntaba de dónde son tus apellidos. Respondía, de Colombia. Este país siempre fue un referente para mis vacaciones, pero no para vivir. Cuando mi madre era apenas una niña fue llevada por mis abuelos hasta el estado de Zulia. Mi abuelo se convirtió en capataz y mi abuela en cocinera en las fincas. Viajaron desde el Carmen de Bolívar y pasaron a tierras venezolanas por trochas. En medio de la bonanza petrolera, mi madre conoce a mi papá, venezolano de nacimiento, pero sus padres eran de una zona cercana a Bogotá (colombianos), que no recuerdo”.

Además de la estancia de su esposo en Bucaramanga, Tobón cuenta que la situación social de su país agota mentalmente a los ciudadanos. “Se tiene que trabajar muy duro, las cosas básicas escasean. No es fácil, pero tampoco es fácil emprender un nuevo camino. Tenía 17 años de carrera, el resto de mi familia sigue allá. Lo natural y cotidiano de mi vida se quedó en Venezuela. Todavía está allá. Allá tú sientes que eres una traidora porque te vas del país y aquí sientes que no eres de ningún lado”, explica esta colombo-venezolana.

“No nos sentimos discriminados”
En algo coinciden Martín Carlos Alberto Cadena León y Mairene Tobón Ospino: no han sido víctimas de discriminación. “Hay personas que dicen “los venezolanos nos están invadiendo” (risas). Siento que es una expresión de la verdad, pero no lo veo como una discriminación”, dice Tobón.

Cadena León expresa que Colombia nunca ha sido un país abierto a la migración. Tampoco tiene un número significativo de comunidades de extranjeros, porque siempre ha tenido problemas internos que resolver y busca ofrecerles soluciones
a los suyos y no a los que vienen de afuera

También coinciden que se deben crear rutas de atención para los que no son colombo-venezolanos y hacer más flexibles lo trámites de migración. “Si tienes cómo comprobar que eres de aquí, no deberías depender de un trámite en Venezuela”, agrega Cadena.

Al referirse al espacio que se les abrió en el Concejo de Bucaramanga, Tobón Ospino resalta que poco a poco se van dando las soluciones. “Los venezolanos no queremos ser un problema, ni queremos perturbar la tranquilidad del santandereano.
Queremos tener la certeza que estamos en un territorio de libertad”, añade.

Al estar respaldados por la legislación nacional, ambos piden que las autoridades locales den una pronta solución al tema educativo y de salud. “Pedimos la regularización de esa situación para que se nos permita acceder a los servicios de salud que estamos dispuestos a pagar, a competir de manera equitativa con el colombiano. También queremos tener un trabajo legal y si debemos pagar impuestos, lo hacemos”, pide Tobón.

Y agrega que se debe acabar con la falsa creencia de que el venezolano que llega, por estar sin documentos, no tienen derecho a la educación pública. “Muchos de los que estamos en la ciudad tenemos capacidades profesionales que pueden ser explotadas en cualquier sector productivo. Somos médicos, profesores, ingenieros, matemáticos, administradores. Consideramos que, a través de una visa temporal de trabajo, especialmente al que es solo venezolano, se podría
apoyar”, concluye la venezolana.

Por Xiomara K. Montañez Monsalve
xmontanez@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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