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Para Lorenzo Morales, ser politólogo y periodista le ha permitido ver la realidad desde nuevas perspectivas. / FOTO LORENZO MORALES

Entre 2001 y 2002 encontró su razón de ser cuando menos lo esperaba. Trabajaba en el Observatorio de Derechos Humanos de la Vicepresidencia de Colombia. Debía hacer viajes, conocer nuevos lugares, entrevistar a personas y escribir informes. La alta dosis social se filtraba, gota a gota, en las enseñanzas aprendidas en la universidad.

Lorenzo Morales Regueros es un periodista colombiano y docente del Centro de Estudios en Periodismo, Ceper, de la Universidad de los Andes, de donde también se graduó en Ciencia Política en el 2000. Fue editor de Semana.com, hizo parte del equipo del diario La Prensa como reportero político y colaboró en la National Public Radio en Nueva York.

Estaba dudoso pero tenía una certeza: quería ser periodista. Decidió entonces en 2006 partir a Estados Unidos para hacer una maestría en Periodismo en la Universidad de Columbia. Al entrar a clase se sintió como un cuaderno en blanco. Lo poco que sabía había sido de forma empírica. Tenía mucho por aprender.

Mientras cursaba sus estudios en Nueva York, uno de sus sentidos se sorprendía con nuevos hallazgos. Redescubrió la radio y la entendió como un universo inexplorado, lleno de posibilidades y mundos con riquezas sonoras.

Morales Regueros sintió la necesidad de salir del estudio, abrir el micrófono y capturar los sonidos, las voces, los ritmos y las anécdotas que están al aire.

En compañía de Charlotte de Beauvoir, compañera y periodista del Ceper, viajaron a Tado, Chocó. Querían contar la historia de una comunidad minera que hace más de 10 años produce oro sin el uso de tóxicos.

Fue así como nació “Oro Verde del Chocó: ¿una opción para la minería?”, un documental radiofónico que en 2011 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar como Mejor Reportaje de Radio, el Premio Amway de Periodismo Ambiental y fue transmitido por Caracol Radio.

Periódico 15 lo entrevistó y esto fue lo que contó sobre su experiencia.

Una joven minera de Tadó, Chocó. Muestra los pedazos de oro recogidos en un día de trabajo en la mina de pequeña escala de su familia. / FOTO CHARLOTTE DE BEAUVOIR

¿Cómo fue el proceso en el que decidió irse a hacer la maestría en Periodismo en Nueva York?
Tenía inseguridad. Me entró angustia por haberme equivocado en mi carrera. Después me di cuenta que había tomado una gran decisión, porque como periodista igual veo el mundo desde la ciencia política y las relaciones de poder.

Al llegar no tenía una trayectoria muy larga. Allí me enseñaron a cumplir con normas éticas del oficio. Lo que más aprecié y aprendí es que uno no puede ser buen periodista si no es buen reportero desde el comienzo. Es decir, como ese contacto directo con la realidad, saliendo a la calle y hablando con la gente.

¿Cuál fue el primer producto sonoro en donde exploró más las capacidades de la radio?
Fue en un reportaje sobre la sonificación, que es el uso de los sonidos para interpretar fenómenos. Entrevisté a un experto en huracanes que se dedicaba a canalizar el sonido de los huracanes para interpretar sus características físicas. Lo interesante fue mostrar cómo esos sonidos, que son casi musicales, podían convertirse datos para el análisis científico.

La radio no es solo entrevista, no es solo llamar a alguien. Es mucho más que voces hablando a través de un micrófono, un celular. Que el sonido también es todo el ambiente y el contexto. De las cosas más maravillosas que descubrí por primera vez con este trabajo es eso, cómo se puede contar, narrar o informar, no solo preguntándole a la gente, sino acercando el micrófono a esas realidades.

¿Cómo fue la realización del documental radiofónico “Oro Verde del Chocó: ¿una opción para la minería?”? ¿Qué fue más valioso que aprendió de esa experiencia?
Hicimos un formato no muy conocido en Colombia, que es un documental sonoro de treinta y algo más de minutos. Este trabajo es quizás el más ambicioso y el que más satisfacciones me ha dado, porque logré hacer algo que pensaba desde que estaba en Estados Unidos, que era venir aquí y contar historias de mi país desde el sonido.

Tenemos una cultura radial relativamente pobre. La única radio que oímos es para escuchar música o personas hablando o entrevistándose. Lo que me cautivó era la posibilidad de estrenar un sentido un poco atrofiado, que era el oído. Aparte de la investigación periodística y del tema de la minería con la historia de un grupo de mineros artesanales que siguen utilizando técnicas ancestrales, que me parecía supremamente interesante, fue un descubrimiento sensorial del sentido de la escucha que muy pocos lo aprovechamos. No tenemos el hábito de detenernos a escuchar el mundo; somos una cultura más visual y eso de alguna manera ha apaciguado los otros sentidos.

Soy un reportero de corazón y eso lo que más me gusta de mi trabajo como periodista.  Disfruté mucho la posibilidad de viajar a Chocó, internarnos en las selvas y conocer de primera mano lo que estaba sucediendo. Fue un trabajo que nos tomó una semana de producción en terreno y cerca de seis meses de postproducción.

Queríamos saber cómo suena una mina ilegal mecanizada en la mitad de la selva de Chocó, a qué suena una familia chocoana en su casa trabajando al lado del río, el contraste de la selva y sus sonidos con los acentos, las máquinas y el silencio que queda en las selvas devastadas. Me parece que el pueblo chocoano tiene una historia fascinante y una capacidad de resistir a la dureza de su realidad, gente con alegría y optimismo y justamente los mineros con los que estuvimos eran un buen ejemplo de esta actitud.

Mineros chocoanos trabajando en la extracción de oro como lo hacían sus ancestros. / FOTO LORENZO MORALES

¿Cómo puede reinventarse el periodismo radial a partir de la integración con lo digital?
Lo digital a la radio le abre nuevas posibilidades de transmisión. Es una nueva plataforma que sirve para distribuir y llegarle a otras audiencias. Un ejemplo de esto son los podcast. Me parece que permiten que esos contenidos que antes eran efímeros, ahora quedan en un archivo que se puede descargar y oír a la medida del oyente.

Aquí en Colombia es difícil exigirle a la gente que consuma ciertas cosas, como el podcast, que están de moda afuera, si el contenido no da ganas de escucharlo. Hay que empezar a hacer buena radio, buenas historias y siempre llegarán las audiencias cuando hay buenos contenidos.

¿Cuál es el elemento más importante que se debe destacar sonoramente al narrar una historia?
El medio sonoro apela a sensibilidad, a la conexión emocional y la simpatía. Creo que cuando uno hace radio tiene que recurrir a las emociones, ir al testimonio más íntimo y personal, y por otro lado tratar de mostrar el universo sonoro de los ambientes.

¿Cómo puede la radio destacar ante la inmediatez de las imágenes de la televisión?
No estoy seguro de que las imágenes sean una ventaja. Así como la posibilidad de transmitir imágenes puede ser buena, en el caso particular de nuestros medios se ha vuelto una condena. La radio está a salvo de eso, y creo que es el medio más visual de todos.

Si logras conectarte con un oyente, transmitirle la voz humana con una historia cautivante en medio de un sonido ambiente que logra transportarlo al lugar donde ocurren los hechos y están los personajes, pues realmente el video se arma dentro de la cabeza del oyente, y eso es mucho más poderoso que cualquier imagen proyectada en una pantalla.

¿La enseñanza más gratificante?
Darme cuenta de que incluso en las historias que uno cree que no hay sonido de por medio, si uno agudiza y escucha, siempre encontrará la manera de contarlas con sonidos.

 

Por Lucía Jeaneth Gualdrón Castellanos
lgualdron195@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga