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La llamada de los milagros

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En busca de dinero, frente a la Basílica San Juan Bautista, las gitanas se ofrecen a leer la mano. / FOTO ANA MARÍA ROMERO CHAVERRA

Su composición arquitectónica, el santuario del Señor de los Milagros y la imagen de San Benito de Palermo son algunos de los motivos por los cuales la Basílica Menor San Juan Bautista en Girón es tan frecuentada por turistas y feligreses; quienes al oír el llamado de las ocho campanadas que invitan a la siguiente eucaristía, ingresan al templo con el fin de presenciar su belleza, capturar selfis, cumplir penitencias, pedir milagritos, hacer promesas a los diferentes santos o, lo común, asistir a la misa.

Parroquia San Juan Bautista

Entre los años 1639 a 1646 se dio la construcción de la Parroquia San Juan Bautista, ubicada en la calle 30 con carrera 26-54 en el parque principal de Girón, Santander. Fue elaborada en techo de paja y paredes de bahareque; la pila bautismal hecha en barro y el cáliz de consagrar en estaño. Posteriormente se cambió el material de las paredes por tapia pisada y el del techo por tejas.

El padre Jorge Ríos Cortés, en Historia de la Parroquia San Juan Bautista de Girón, menciona que la composición arquitectónica consta de cinco altares: el mayor, dos laterales y dos capillas; una funciona como Museo de Arte Religioso. La parroquia cuenta con 16 columnas, 18 arcos y ventanas. Sus dimensiones son 62 metros de fondo por 48 de latitud, con una superficie interna de 2.976 metros cuadrados. La altura de cada torre es de 25 metros. En la torre izquierda se instaló el reloj público acompañado de la campana que avisa la hora, este reloj es maquinaria inglesa y fue adquirido en 1842 por el padre Eusebio Berseño y diseñado por Jhon Mouure Sons. El presbítero Salvador Montaña inició las reformas durante los años 1781, 1787 y, finalizaron en 1883. La Basílica de Santa María la Mayor, ubicada en Roma, se tomó como referencia para diseñar el interior de la parroquia del municipio.

En el fascículo Coleccionables Pueblos Patrimonio de Colombia – San Juan de Girón se relata que José Alejandro Peralta, el párroco de la época, se percató de que no tenían campanas, se estaba terminando la construcción del templo. Por ello, recurrió a la comunidad y logró reunir el dinero para conseguir las mejores, las cuales se decía que eran fabricadas en Toledo, España. El sacristán Pedro Alcántara Rueda fue quien decidió encargarse del asunto, y dos horas después partió a cumplir su misión. Sin embargo, había pasado un año y no se tenían noticias ni del sacristán ni de las campanas; por lo que corría el rumor de que este había fallecido o se había escapado con el dinero. Por esto, el pueblo decidió adquirir las campanas de Chiquinquirá. Pero al poco tiempo, en 1883, llegó Alcántara con ocho carillones, esto motivó a la población a festejar. La razón por la que se había demorado fue porque al no alcanzar el dinero, tuvo que trabajar en la fábrica de campanas hasta reunir, con su salario, la cantidad requerida. ‘el Señor de los Milagros’, ‘San Juan Bautista’, ‘San José’, ‘Inmaculada Concepción’, ‘San Benito’, ‘Santa Bárbara’, así fueron nombrados seis de los ocho carillones.

‘Santo, santo, santo…’

La imagen de San Benito de Palermo, uno de los santos patronos del municipio, fue traída en esa fecha en el año 1645. Cada 28 de diciembre, día en que se celebra la fiesta de los ‘santos inocentes’ en Colombia, los gironeses se pintan de negro para celebrar la fiesta del santo. Esta tradición surgió, aproximadamente, hace 300 años cuando los padres dominicos intentaron apaciguar las disputas entre personas de raza negra y blanca al predicar el ejemplo  de un santo negro.

“Se dice que un día pasó un joven por la casa de unos esposos, que estaba ofreciéndoles la imagen del Señor de los Milagros, y que pedía cuatro monedas. Entonces la pareja rebuscó en su casa hasta que logró reunirlas y a cambio recibieron al Cristo. Pero que apenas pagaron el joven desapareció, no dejó rastro, y pues eso lo consideraron como un milagro”, cuenta Luz Oliva Giraldo, habitante del municipio.

En 1870, el Papa Pio Nono concedió indulgencia plenaria a los feligreses que asistieran al santuario del Señor de los Milagros el 14 de septiembre de cada año. Así, en 1882 el Padre Peralta trasladó la veneración de la imagen a la parroquia. Este santo se convirtió en el patrono de los gironeses. El 14 de octubre de 1883, el templo fue consagrado por Monseñor Ignacio Antonio Parra y el 30 de junio de 1998 erigido como Basílica Menor por el Papa Juan Pablo II.

Al interior de la Basílica se encuentran imágenes de algunos santos como: la Santísima Trinidad, San Judas Tadeo, la Virgen del Carmen, el Divino niño Jesús, Santa Lucía, San Martín de Porres, San Juan María Vianney, la Virgen de Fátima. También cuadros como el de la Virgen de Chiquinquirá, la Virgen con las ánimas, la resurrección del señor, la Virgen de Guadalupe…

‘Los milagritos’

Al lado izquierdo de la basílica se encuentra la romería Señor de los Milagros, la cual fue creada por el Padre José Alejandro Peralta en 1883. El lugar no es independiente, hace parte de la parroquia. “Cada sacerdote que viene a administrar la parroquia, administra también el almacén, porque esto pertenece a la parroquia. Aquí se anotan misas, velaciones… se venden diversos objetos religiosos como biblias, velas, novenarios, milagritos e imágenes de santos”, dice Julia Calderón quien trabaja hace 10 años en el lugar.

Calderón cuenta que “como la Basílica es también un santuario, las personas vienen a pedirle al señor salud, trabajo… entonces lo que más buscan es milagritos, que son las promesas que le ofrecen al señor por alguna intención”.

El objeto que utilizan los peregrinos para pedir el ‘milagrito’ es un hilo de color rojo, negro o café del que cuelga un dije. Hay dijes de piernas, brazos, motos, casas, mujeres, hombres, esto depende del milagro que se necesite. Después de comprar los ‘milagritos’ a 500 pesos, los devotos ingresan a la Basílica, lo ofrecen en el santuario del Señor de los Milagros y lo dejan como representación de ellos mismos.

“Otro artículo que se mueve bastante son las velas, porque con las velas pagan las promesas. Las velas, las veladoras y ya después las novenas. La gente hace sus promesas a los santos; y arrodillados se van desde el centro del altar orándole al señor por su recuperación o por lo que hayan prometido. Entonces, pues la promesa es lo que se ofrece al señor y se debe cumplir”, relata Julia Calderón.

En ocasiones, cuando se celebran grandes fiestas como Semana Santa, el Señor de los Milagros o San Benito de Palermo, asisten muchas personas a la Basílica, tanto gironeses como turistas y extranjeros.

Costumbre o devoción…

La mayoría de personas entra a la Basílica Menor San Juan Bautista con la expectativa de un milagro, una curación, un empleo, un negocio en la ruina o un hijo en problemas… Los fines de semana asiste mucha gente, algunos van en familia, con la pareja o en compañía de su sombra. Esos días, el parque principal, ubicado frente a la iglesia, permanece lleno durante el día; pues las personas, antes o después de entrar a la misa, se comen un raspado, unas obleas, unos chuzos de carne, de mazorca o se toman un tinto. Algunos prefieren charlar en las bancas mientras esperan a la siguiente eucaristía y otros entran a la romería o a las artesanías del atrio a conseguir los milagritos, los velones o las novenas. Entre semana son menos personas las que frecuentan la iglesia. En algunos casos, se nota devoción en quienes participan de la misa. Pues hay personas que solo asisten por costumbre, por plan familiar o por visita, como es el caso de ciertos turistas.

“Las personas se congregan mucho los domingos. Las familias de las veredas asisten para pedirle o agradecerle al señor. Algunas personas no asisten con fe, otros asisten por costumbre porque de pequeños los enseñaron a venir a misa”, afirma Cristian David Pimentel, gironés.

Actualmente, la Basílica expone las diferentes estaciones del viacrucis. También, en sus paredes hay imágenes de los santos y cada una tiene debajo una especie de caja en la que los feligreses arrojan monedas o billetes como ofrenda o agradecimiento a cada santo.

 

Por Ana María Romero

aromero757@unab.edu.co

*Estudiante de quinto semestre del curso Textos Especializados del programa de Comunicación Social de la Unab.

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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