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Calison, 25 años al compás de la salsa en Bucaramanga

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sta localizado en la calle 33 No. 31-35. Ha estado en el mismo lugar desde 1992. Quienes lo visitan van con la intención de escuchar una música diferente, de encontrar un ambiente distinto. / FOTO ANGÉLICA GÓMEZ

Pedro González Delgado es un melómano amante del arte, que hizo de ‘Calison’ su obra más bella, su proyecto de vida. Fue bautizada así para referirse al son de Cali que es la salsa, un género que no es de esta tierra pero que seduce con su sonido bestial, como lo cantan Richie Rey y Bobby Cruz.

El lugar nació en un año difícil para Colombia, cuando en el gobierno de César Augusto Gaviria Trujillo, el 2 de mayo de 1992, se anunció una serie de cortes del servicio de energía eléctrica. Fueron nueve meses muy duros para este refugio de la salsa; cuenta González que se vio afectado durante dos horas por el corte –de 7 a 9 p.m.- y que, sumado a esto, debían competir con lugares como ‘Son 33’, donde “no quitaban la luz”. Pero pasó el racionamiento y comenzó la competencia codo a codo.

La gente fue identificando el sitio por la calidad musical, por la atención de Pedro González y sus mezclas musicales, labor que después de dos décadas sigue desempeñando. En sus inicios el sitio tenía solo cinco mesas y cada una contaba con su propia mesera. Su propietario bromea al recordar que compartía el lugar con una escuela de karate. Pero esto no
duró mucho porque la clientela de ‘Calison’ fue cada día más frecuente y empezó a pedir más espacio.

El oasis fue creado con el objetivo de lograr que la salsa se quedara en Bucaramanga. “Ya son 25 años luchando con los soneros”, dice el propietario, recordando la canción del Septeto Habanero, grupo de música cubana fundado en La Habana, Cuba, en 1920: “Vengo cruzando la línea luchando con los soneros y ninguno me ha hecho nada”. Esos soneros que han sido los obstáculos que se le han presentado, pero de los que ha salido victorioso.

La salsa se mantiene viva
Cuando se entra al lugar, lo primero que se encuentra es una pista de baile antigua que evoca los bares latinos de los años 70 y 80, con luces multicolor que resaltan al bailarín y a los artistas que allí se presentan. Uno de ellos es el grupo Altibajo Latín Son, que la noche del 27 de octubre cantó frente a más de 200 personas.

La pista es un tablero de ajedrez. Baldosas de cuadros negros y blancos que parecieran demarcar el espacio ideal que necesita una pareja para bailar al ritmo del Grupo Niche o de Fruko y sus Tesos, orquestas reconocidas en Colombia. En los laterales, casi imperceptibles, se siente la mirada de los cantantes Pablo Lebrón, Johnny Pacheco, Héctor Lavoe y por el percusionista Chano Pozo.

A un costado está la infaltable barra que aprovecha los licores para ambientar el bar, junto a los meseros, las sillas y
unos faroles grandes que caen del techo. Al atravesar la pista, como si hubieran resucitado en medio de las notas musicales, están Piper Pimienta, Tito Gómez, Benny Moré, Tito Rodríguez, Pete “El Conde” Rodríguez, Polo Montañez, Daniel Santos, Héctor Lavoe, Rey Barretto, Ismael Rivera, Cachao López, Celia Cruz, Tito Puente, Marvin Santiago, Charlie Palmieri y Frankie Ruíz, engalanando el ‘Cielo de los Tambores’, que como canta el Grupo Niche, es el “cielo que mi raza llena de colores”, pero además, rinde homenaje a los que han partido.

A diferencia de los bares actuales, en Calison se puede caminar sin que nadie empuje o moleste. Cuenta con el ‘Círculo de la Salsa’, un collage de cara caratulas y de fotos de artistas como El Gran Combo de Puerto Rico, Richie Rey y Bobby Cruz, Rubén Blades, Willie Colón y Jhonny López, entre otros, que como dice González, tienen como misión detener a los salseros en este espacio para rememorar las décadas donde la salsa era el género que dominaba.

El rincón más importante de Calison se llama ‘Al Aire’, donde sucede la magia, donde se mezcla la música. Está en la parte más alta del “oasis”, desde ahí se observa todo, en especial la pista de baile.

En Calison no están “tecnificados”, dice el propietario, pues no se utiliza computador; cada acetato o cd sale de su empaque y suena en el momento indicado, sin listas de programación. Así se anima la fiesta. “Cuando me piden música y sé que no la tengo –porque todos los cd o acetatos que tiene el lugar han sido comprados por su propietario- le digo a la persona de una vez que no la tengo. Siempre preguntan, ¿por qué no la busca en el computador? y ahí es cuando los subo hasta aquí y les muestro mi tecnología”, cuenta con tono burlón.

Antes de salir del espacio se encuentra una pared dedicada a la Fania Records, la disquera que catapultó el género musical, que logró llenar el Estadio de los Yankee de Nueva York en 1973 con un concierto de salsa, ese fue el detalle que completa el lugar.

Sonidos propios
El 27 de octubre de 2017 se presentó Altibajo Latin Son, un grupo musical santandereano que se creó en Bucaramanga. Tocaron en Calison para más de 200 personas, honrando a la salsa y al son.

Esta banda se sale del formato clásico y llama la atención porque no utilizan el piano; hacen salsa con guitarra, trompeta, saxofón, flauta, batería, congas, bongo, bajo, un tres cubano en vivo y la voz principal. “Queremos que la salsa se extienda por el mundo”, y Altibajo se visiona como una orquesta que puede llevar “el son bumangués”-como lo llaman ellos- a otros lugares. “Fue un experimento nuevo, que funcionó”, dijo González, mientras sentado en una de sus mesas, en el pasillo de la entrada, veía el lugar como si se recreara aquella noche y al fondo sonaba la Murga en la voz de Héctor Lavoe, “vamos a bailar la murga, la murga de Panamá, que eso es una cosa fácil y muy buena de bailar”.

La despedida
Para Pedro González, el bailarín “es el complemento de la expresión musical”. En Calison el visitante se puede deleitar con los bailes de jóvenes de las escuelas de salsa en la ciudad o de algunos salseros que a pesar de ser diestros al bailar, sienten y gozan el género musical.

Finalmente, González se acomoda de nuevo en el rincón ‘Al Aire’, un icónico lugar que inventó para suplantar su sueño de tener una emisora, y pone a rodar uno de sus discos.

 

Por Angélica María Gómez R.
agomez360@unab.edu.co

 

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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