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“La gente cree que esto no es un trabajo, pero nos toca muy duro: aguantar sol, la contaminación de la calle, uno se baña y el agua sale gris”: Jorge Eduardo Jaimes / FOTO JOSÉ GABRIEL MORENO

En Colombia entre los años 50 y 70 se alzaron grandes carpas de circo como el Royal Dumbar, Egred Hermanos, Nueva Ola Circus, entre otros. Estos recorrían el país y crearon recuerdos familiares con sus clásicos espectáculos.

El circo clásico ha ido en decadencia, tanto así que el 10 de mayo del 2017, el gremio de payasos de Colombia e integrantes de circos de familias salieron a las calles de Bogotá a protestar por las trabas que según ellos el Gobierno les pone.

En Bucaramanga, los mismos cirqueros se encargan de propagar su arte, crean talleres por iniciativa propia sin el apoyo de terceros y con el mismo material de trabajo, guían a sus futuros colegas.

Esta ha sido la oportunidad que han tomado artistas en Bucaramanga, como Jorge Eduardo Jaimes, que en el 2014 con tres amigos de su barrio El Reposo, mientras cursaba el grado 11 en el José Antonio Galán, entró a talleres gratis que por esa época se realizaban en la plazoleta de la Alcaldía de Bucaramanga.

Los talleres eran dictados por Leonardo Vázquez, conocido como Leo, quien sería su apoyo para el inicio de esta pasión. El proceso de formación duró un año más, hasta que en unas vacaciones de mitad de año los cancelaron debido a no tener apoyo de ninguna institución para la realización de estos.

Los integrantes del taller debieron tomar sus caminos y con lo que habían aprendido continuaron practicando. Jorge siguió ensayando con las pelotas y se mantuvo en contacto con Leo, gracias a la amistad consiguió su primer trabajo que fue un espectáculo en el casino del Centro Comercial Megamall, donde Leo le dejó una reflexión: “Les voy a pagar como si fueran expertos, porque deben empezar a valorar lo que ustedes hacen y lo vale porque le han dedicado bastante tiempo de práctica”.

Con su primera paga de $160 mil inició lo que lleva por dos años y seguirá llevando hasta que no pueda más: el circo. Junto con su compañero Andrés Navas, han creado rutinas y tomaron la decisión de darle al arte circense la labor social de llevar felicidad a comunidades de bajos recursos.

Costos

El cirquero se nutre de todas las artes y tiene diferentes ramas en las cuales según gustos de cada quien se puede elegir. Cada rama tiene sus juguetes especiales como las pelotas, las clavas, los spinnin, los zancos, las telas, entre muchos más.

Hay unos juguetes más asequibles que otros, ya sea por el material o por la calidad. Lastimosamente, los de buena calidad son necesarios para personas que se dedican constantemente a presentarse y a practicar y estos tienen costos elevados.

Jorge Eduardo
Jaimes y Andrés
Navas, dos
santandereanos
que mantienen
viva la tradición
circense.
/ FOTO JOSÉ
GABRIEL MORENO

Las clavas que se usan, son mínimo tres, cuestan 25 mil pesos cada una, es decir 75 mil pesos; también deben agregarle lo que cuesta el envío desde Bogotá ya que en Bucaramanga no hay tiendas para circenses, lo que suma un total aproximado de 90 mil pesos.

Con suerte en la comunidad de artistas, hay personas que algunas veces hacen pedidos grandes para que las personas no tengan que pagar el pedido solas y también la tienda puede llegar a hacerles descuento en los productos.

Semáforo e inicios

Los inicios son complicados, y en el mundo circense contemporáneo se suele empezar con el semáforo como artistas callejeros.

“Uno empieza sin contactos y a uno lo ven malabareando y llega alguien y le dice ‘qué pena es que a mi hija le gustan los malabares’ y así, después con la voz a voz uno se va haciendo conocer”, cuenta Jorge sobre los comienzos.

También reconoce que pasar por los semáforos es una herencia de quienes les enseñan a malabarear, y ve junto con su amigo Andrés que el arte callejero es un trabajo que les ayuda a empezar y conseguir dinero para ellos.

“Se cree que por hacerlo en la calle no es un trabajo, pero toca muy duro: aguantarse el sol, la contaminación de la calle, uno se baña y el agua sale gris”, relata Jorge mientras explica sus momentos en los semáforos.

Andrés opina igual que Jorge, y explica también los estereotipos por los que se tiene que pasar y cómo estos mismos desprestigian y dañan la calidad. “Que uno se presente en un teatro da estatus y dicen que son buenos artistas, pero la verdad es que en el semáforo uno puede ver gente que tiene más técnica que muchas más personas”.

Y el estereotipo con el que más sufren es el de marihuaneros y vagos, contando con que muchos de ellos son profesionales, pero los llaman vagos por hacer lo que les gusta. “Hay malabaristas que son ingenieros y se aburren de la vida que llevan y deciden ganarse la vida trabajando en la calle”.

Cada rama del circo tiene sus juguetes especiales como pelotas, clavas, spinnin y zancos. / FOTO JOSÉ GABRIEL MORENO

Para los dos, el semáforo tiene una gran importancia como trabajo y como lugar de práctica, es un espacio donde tienen que crear rutinas de 40 o 50 segundos, presentan lo que quieran y se pueden lucrar, es para realizar “práctica con público”.

Cirqueros de otros países

Andrés cuenta que tiene un amigo argentino que se gana lo equivalente a tres millones de pesos colombianos mensuales trabajando en presentaciones y en la calle. Él siente que el arte en otros países sí es más valorado y apoyado.

Además dice que la llegada de artistas nómadas a la ciudad es común e importante para la comunidad, ya que a partir de ellos, se nutren y aprenden más.

“Hay lugares donde llegan los artistas y se reúnen, en el semáforo de la 27 donde quedaba el Mesón de los Búcaros, el Parque de los Niños o los hoteles del parque Centenario”, cuenta Andrés al mismo tiempo que habla del significado que tiene el Parque de los Niños como encuentro natural de artistas de todas las disciplinas.

Circo en Bucaramanga

En Bucaramanga los grupos de circo no son academias, como las de danza y musicales donde se paga para aprender. Todos los grupos aceptan pupilos porque en el futuro para las presentaciones ellos podrán contratarlos y crear rutinas entre ellos por lo que gana todo el grupo.

Entre todos se ve el apoyo de enseñar y promover el circo para hacerlo crecer y nutrirlo más. Como en todas las relaciones de personas, pueden presentarse ‘roces’. En el mundo del circo, los problemas pueden ocurrir por rutinas parecidas.

Pero a pesar de esto los cirqueros bumangueses se unen para crear eventos como el Día del malabarista, celebrado cada 17 de junio. Esta actividad es organizada por Circo pa’ las 6 y Acción Libertaria donde participan Leo y escribo y diferentes malabaristas nómadas provenientes de Venezuela, Argentina, Cuba, entre otros países.

También se unen para luchar por sus derechos laborales, como fue en 2016 el intento de creación de un sindicato para pedir apoyo, escuelas e instituciones de ellos para ellos. Pero después de realizada la reunión con el Ministerio de Cultura en la CUT (Central Unitaria de Trabajadores de Colombia) con diferentes grupos artísticos, circenses contemporáneos y clá- sicos, se frustró la organización por falta de compromiso e interés como señala Andrés: “Lastimosamente la iniciativa y el interés se perdieron y no quedamos en nada”.

Actualmente quieren seguir el ejemplo de instituciones como Circo para todos de Cali y traer al Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) de Bucaramanga el Técnico en Artes Circenses que se encuentra en Bogotá, sin embargo encontrar tallerista para la ciudad puede demorar hasta tres años.

Por José Gabriel Moreno Rey
jmoreno319@unab.edu.co

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Universidad Autónoma de Bucaramanga
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