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En este barrio ya se volvió costumbre soportar el interminable ruido y la contaminación que producen los vehículos cuando se hace tráfico sobre toda la calle 45 de Bucaramanga y ver cientos de viviendas y negocios como los textiles, las panaderías o las peluquerías de la comuna García Rovira al occidente de la ciudad.

Martha Cecilia Mantilla recuerda perfectamente aquel año de 1975 cuando se mudaron a vivir a lo que era en ese entonces Campohermoso, una zona campestre rodeada de vegetación y con todas las calles destapadas excepto la avenida 45, que en ese entonces ya era una de las calles más importantes de Bucaramanga. “Nosotros fuimos criados en una finca, pero sin embargo había muchos árboles alrededor entonces eso nos motivaba un poquito para no sentir tanto el giro del campo a la ciudad”, comenta Martha Mantilla.

El barrio fue evolucionando, las casas se remodelaron, las calles se pavimentaron y la 45 se conectó con Chimitá y la autopista. Con orgullo esta mujer ama de casa y madre de cuatro hijos habla con propiedad del lugar dejando entre ver en sus ojos cafés que a sus más de 50 años no se arrepiente de vivir allí, pues afirma que “hemos crecido, hay mucho comercio, es uno de los barrios más apetecidos por estar tan cerca al centro. Estamos cómodos porque gozamos de muchos servicios y beneficios”.

Según ella, la clave para que este sitio sea un buen vividero es su gente, pues, según ella, la gente se caracteriza por ser solidaria y ayudarse entre sí. “Aquí siempre ha existido una correlación o sea, nos saludamos, relacionamos hasta nos conocemos con todos y eso nos ha hecho evolucionar”.

En el parque de la Vida se tiene planeado construir un avión con fines didácticos para entretenimiento y diversión de los transeúntes. FOTO / LINDA DAYANNA SÁNCHEZ

Como tradición que no puede dejar pasar, Martha Mantilla participa en las actividades religiosas de la iglesia católica en fechas importantes como diciembre o Semana Santa, sale esos días a hacer procesiones y orar al aire libre, pero también asevra que “la gente ahora poco sale, ya no quiere madrugar y ahora poco participa, aunque cuando hay un llamado de solidaridad todo el mundo atiende, aquí es tradición ser solidario” y añade que “cuando estaba niña venían cosas como la ciudad de hierro y los circos, todo eso era motivo de esparcimiento, pero ahora no hay sitios donde colocarlos por tanto eso también se ha perdido”.

Delfina Acevedo es una de las vecinas más cercanas de Martha Mantilla, es una mujer delgada de piel morena y con un acento santandereano muy marcado. Con 57 años de edad hace memoria de aquella época cuando lo mejor del barrio, según ella, aparte del comercio, eran los medios de transporte, habían rutas de buses para todos lados, “uno se podía uno movilizar más fácilmente a comparación de ahorita”.

Estas dos mujeres que se quedan en sus casas con sus maridos e hijos y en el caso de Martha también con sus padres, se dedican a las labores del hogar, dando, como ellas lo dejan percibir, la mejor educación para sus hijos quienes son ya mayores de edad y tienen empleos estables. “A mí me gusta el deporte y les difundí a mis hijos eso y son muy activos y deportistas. No los dejé ir a los malos vicios que hay en el barrio”. Expresa Martha Mantilla.

Sin embargo, cuando a Delfina Acevedo se le pregunta sobre los jóvenes de su barrio su gesto cambia por completo, y contesta con firmeza que los padres hoy en día no tienen mano dura para enseñar a sus hijos pues afirma que muchos “se van a trabajar y los jóvenes salen a la calle a buscar droga y cosas que no deben buscar”.

En una casa de dos pisos José José Castañeda vive en el centro de Campohermoso y su concepción del barrio no es muy distinta a los de las dos comadres Martha y Delfina. “Toda mi vida he vivido aquí y el cambio ha sido considerable, la verdad era una zona bastante peligrosa, hubo unos años en que no había fuerza pública porque la delincuencia era tal que había hasta sacado a la fuerza pública”, afirma José Castañeda.

Él prefiere revivir los buenos momentos que ha vivido allí, sentado en una silla de madera vigilando a sus dos hijos que juegan con los demás amigos en frente de la casa, asegura que su identidad ha sido formada en el barrio, sus padres, hermanos y otros familiares viven en Campohermoso por lo que sin duda sus dos hijos también crecerán allí y escribirán su historia dentro del barrio.

En administraciones pasadas se han hecho cabildos para que la Alcaldía mejore la seguridad del barrio y construir un puesto de policía en el parque de la Vida. FOTO / LINDA DAYANNA SÁNCHEZ

Todas las tardes su familia participa en eventos deportivos que realiza Inderbu en las diferentes canchas y dice que “Campohermoso tiene varios puntos, la cancha de fútbol, ahorita ya se ve que hay más escuelas para niños y los campeonatos de baloncesto para los dos sexos”. El parque de la vida es otro de los puntos de encuentro y esparcimiento entre las familias de la comuna, un lugar con amplio rodeado de árboles, equipos deportivos, juegos y asientos donde la gente de puede sentar.

Como vecinos en el barrio Campohermoso también celebran fechas especiales como la navidad uniformando las calles por cuadras, las personas se toman la tarea de adornar con objetos representativos cada rincón de la calle. La identidad la construye no solo una persona si no también un colectivo, encontrar el concepto y la tradición que hay dentro de un barrio, representa que este sigue vivo y su gente nutre día a día el imaginario colectivo.

Por Linda Dayanna Sánchez Flórez

lsanchez348@unab.edu.co

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Esta nota hace parte de un especial web sobre la calle 45, para ver el especial completo diríjase a este enlace: 

 

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