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Carlos Medina Ortiz (izq.), Andrés Gonzáles Valencia, Daniel Ramírez Hernández y Alejandro Osorio Pérez (der.) son los cuatro Staff que atienden en una de las discotecas de la zona conocida como ‘Cuadra Play’ en Bucaramanga. / FOTO CRISTIAN EDUARDO BELTRÁN

La vida nocturna intensa se vive los fines de semana en el cuadrante demarcado por las carreras 34 y 35, entre calles 48 y 49, en el sector de Cabecera, que recibe a las personas que desean descontrolarse en los brazos del licor, o bailar hasta quedarse sin aliento en las discotecas ubicadas a disposición en el lugar.

Este lugar es el refugio de muchos, en el que se olvidan del trabajo, del estudio, y hasta pierden la noción del mundo en una noche en la que las personas solo tienen dos posibilidades de terminar: Con cansancio o con embriaguez, teniendo en común el frío de la madrugada que refresca las acaloradas producidas por la aglomeración de público en el recinto de la rumba.

Quienes abren las puertas a ese ‘refugio’ saben que al pasar de la calle hacia adentro se encuentra un mundo diferente, encubierto por unas puertas de vidrio en las que el sonido se encierra y hace subir la temperatura, al igual que el licor que poco a poco se eleva al cerebro haciendo los efectos comúnmente conocidos.

Son los Staff, los que de jueves a domingo desde las 8 de la noche se posan en las puertas de los establecimientos, y restringen la entrada a quienes no cumplen las condiciones básicas de ingreso, como portar la cédula, que no se encuentre en estado de alicoramiento, que no lleve cigarrillos o droga, y que tampoco lleven armas. También son los encargados de mantener el orden cuando la farra se pone pesada y el público tiene los ánimos fuera de control.

Un chupito para el frío

Empieza la rutina, 8:15 de la noche y los transeúntes en grupos de tres a diez personas observan en cuál lugar aparenta mejor el ambiente de la fiesta, varios de ellos se detienen en las ventas ambulantes para comprar caramelos o cigarrillos. Mientras tanto, Daniel revisa la hora y mueve sus rodillas con leves inclinaciones, como si las estuviera advirtiendo de que toda la noche va a estar de pie.

Daniel Ramírez Hernández trabaja como Staff en una de las discotecas sobre la carrera 35, hace cerca de dos años realiza ese oficio en la ciudad, y lleva 10 años prestando sus servicios como agente en otras ciudades del país como Cali, Medellín y Bogotá. Labora junto a Alejandro, Andrés y Carlos, con quienes bromea de vez en cuando en los espacios que no hay afluencia de asistentes.

De brazos corpulentos, rostro barbudo y cuerpo de forzudo, cubierto por pantalón jean, zapatos informales y una camisa estilo polo que lo identifica como parte de la empresa Staff Pro. Así es Daniel, quien revisa constantemente que adentro de la discoteca se encuentre todo en orden, y atiende cuando la administradora del lugar lo llama si se presenta algún inconveniente.

Cuando se le pregunta por qué le gusta ese oficio, Ramírez Hernández pensativo concluye que “esto es una cuestión de pasión, en la que se vive de la rumba, a veces es aburrido, pero uno busca la forma de entretenerse cuando no entra ni sale gente”. Él constantemente lleva en sus manos cualquier objeto con el que está jugueteando; unas llaves, su anillo, una caja de chicles, o un papel de menta, y en su boca también un palillo con el que se distrae en los labios.

Viernes y sábado hay ‘cover’ en la discoteca donde trabaja Daniel, es decir, que se paga un valor determinado para poder ingresar a disfrutar de la música y bailar, no importa si consume o no licor. A cambio de ese valor, quienes prestan el servicio como staff, ofrecen a los clientes un ‘shot’, que es un trago producto de la mezcla entre vodka y sumos de fresa y de limón. Daniel afirma entre risas que “con eso se calientan y se animan a pedir trago mientras están disfrutando la farra”.

Un chupito para el baile

Otra de las funciones de Daniel es asegurarse que las motocicletas de algunos clientes estén seguras y no interrumpan la movilidad en el espacio público, pues en la medida que avanza la noche, se intensifica el paso de policías haciendo patrullaje por la cuadra, y los agentes de tránsito hacen un ‘barrido’ hacia las 11 de la noche, cuando aparecen con una grúa llevándose a los vehículos que están mal estacionados.

Hacia las 10:30 de la noche la puerta abrió paso a un grupo de seis personas que venían en salida de la discoteca teniendo a una mujer en extremo estado de embriaguez, pues se notaba que sus pies no le respondían para al menos mantenerse parada. Dos de quienes la acompañaban la ayudaron a sentar en un andén cerca a la puerta. Daniel entre tanto fue presuroso a buscar un vaso con agua para ofrecerle.

Daniel revisa su reloj plateado sobre su pulso izquierdo, faltan aún tres horas para terminar la jornada, mientras tanto relata que “los inconvenientes más frecuentes que se dan es con los caballeros que llegan con la intención de invitar a las chicas a bailar, pero ellas ya vienen con su acompañante, entonces suelen presentarse roces entre los amigos o novios de las señoritas y los caballeros que intentan invitarla a bailar”. Y entre risas concluye que los hombres no deberían tener ese tipo de actitudes, pues así se evitarían problemas.

Alejandro, Carlos, Daniel y Andrés, coinciden en que desde la puerta se vive el ambiente de la fiesta, y eso les da pie para seguir con la jornada, y coinciden en que las distracciones que viven a “cada segundo” hacen olvidarse del dolor de rodillas por estar de pie todo el tiempo. “De aquí han salido señoritas llorando porque discuten con el novio mientras toman, también una vez tuvimos que detener a una mujer que iba a pegarle a su esposo que estaba acá tomando”, relata a modo de anécdota Daniel Ramírez Hernández.

Un chupito para salir

Faltan 15 minutos para las 4 de la madrugada, la ausencia de público ya se siente, después de disfrutar algunas horas con música a todo volumen, y con la garganta reseca, en parte por el trago, en parte por intentar comunicarse en medio de la estampida, los Staff empiezan su labor; van mesa por mesa pidiendo amablemente a los clientes que se retiren, pues la hora del cierre ya se acerca, y a las 4 en punto ya debe estar cerrando el negocio. Uno a uno va saliendo los grupos de amigos, parejas o solitarios que se quedaron a rematar la farra.

La Real Academia de la Lengua Española no acepta el término Staff, pues es una palabra inglesa, que en Castellano se reemplaza por ‘agente’, y que pocos de los asistentes a la rumba definen realmente como es. La denominación de ‘Staff’, se usa más frecuentemente en las agencias especializadas; en el caso de ‘Cuadra Play’, la agencia de la que toman sus servicios los establecimientos es la empresa Staff Pro, cuyos integrantes se distinguen por usar una camisa negra con el logo de su empresa estampado en color dorado en la parte superior izquierda de la prenda.

La rumba ha acabado, los Staff tienen su moto que les sirve de medio de transporte para dirigirse a sus casas. “Terminamos agotados, pero el fin de semana sigue y armar la rumba es lo que nos toca, nos hablamos esta noche, si vuelve otra vez por aquí”, se despide Daniel Ramírez Hernández.

Por Cristian Eduardo Beltrán Velásquez

Cbeltran193@unab.edu.co


Esta nota hace parte del especial web ‘Detrás de la rumba’, para ver el especial completo, diríjase a este enlace: https://goo.gl/85KaxU

 

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Universidad Autónoma de Bucaramanga
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