Inicio Bucaramanga Un recorrido gastronómico por las calles de la rumba

Un recorrido gastronómico por las calles de la rumba

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Los precios de las comidas rápidas que se encuentran en ‘cuadra play’ permite que se dé una gran variedad de opciones para escoger que comer después de una noche de rumba. /FELIPE ARENAS

Son las seis de la tarde y el tráfico en aumento compite con el sonido que proviene de los establecimientos que a esa hora, ya tienen las puertas abiertas para recibir a sus clientes. El sector conocido como ‘cuadra play’ se encuentra junto a la transcurrida carrera 33 y la atraviesan las calles 48 y 49, las carreras 34 y 35 también se unen para conformar la zona predilecta de las personas jóvenes que acuden para pasar una noche de buena rumba.

Un armatoste de hierro con cuatro ruedas se desplaza con ímpetu hacia lo que le espera en esa noche. Ya en su lugar de siempre, frente a un bar en la esquina que nunca funcionó, y un representativo restaurante de comida rápida, se dispone a su jornada. Un fuerte viento ocasionado por la ruta AB1 que transcurre por la calle 48 no permite que se enciendan las brasas, que esperan apagarse casi 12 horas después.

Martha Garavito con un trozo de cartón bate desaforadamente sobre el carbón, así inicia su jornada laboral, ella es una de las 327 mil personas que se dedica al trabajo informal que, según el último informe de ‘Empleo Informal y Seguridad Social’ del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, se presenta en aumento con una tasa del 55,4% en toda el área metropolitana siendo superado solo por las ciudades capitales Santa Marta y Neiva.

El tradicional Chuzo o brocheta, como es conocido en la clase alta, es un aperitivo con varios tipos de carnes puestos en una especie de varilla de madera que permite que los trozos de alimentos atravesados por una punta permanezcan juntos durante su proceso de asado, esta preparación rápida y económica se ha convertido en la comida por excelencia de las personas que frecuentan los sitios de rumba, el módico precio de 4 mil pesos si es solo carne de res y 5 mil si es mixto (pollo y res) atraen a los hambrientos jóvenes que llegan a las discotecas o salen de ellas.

Aun presentándose lluvia, Martha Garavito sale a trabajar, ya que es madre de un niño de sietes años y aunque no es madre soltera necesita de esta fuente económica. /CATALINA PORRAS

‘Vendedora de chuzos’ reconoce Martha Garavito que es su oficio, mientras habla de su jornada. La parrilla ya expulsa humo incontrolado esperando que sobre sí posen la carne que con anterioridad ha sido cortada en porciones de unos 30 gramos aproximados, y condimentada con una receta secreta, que cuando se encuentra asándose expulsa el reconocido olor del ajo, la cebolla y el pimentón.

Martha gana por cada chuzo 900 o mil pesos dependiendo de si es una sola carne o mixto, “Un día estuve desde las 5 de la tarde hasta las 4 de la mañana y solo vendí uno, por eso solo me dieron 500 pesos” narra con decepción, mientras sigue asando los chuzos que, por ese día, para empezar, eran 30, 14 solo carne de res, 14 mixtos y 2 de salchicha.

En un recipiente aparte de color azul, tenía las papas que van en la punta del chuzo como complemento de este plato, en una canasta roja como si acabaran de arrancarlas del lugar donde las sembraron estaban las mazorcas, aun vestidas con el traje verde y sus cabellos dorados. Martha se sentó sobre la silla de plástico blanca, que no tiene espaldar debido a la comodidad a la hora de correr cuando llegue la policía “Ahora por ese Código de Policía, no lo dejan trabajar a uno”.

En el momento en que estuvieron asados todos los chuzos y el olor a carne fresca asándose empezó a atraer transeúntes, Martha ofrecía los chuzos con frases como “a la orden, chuzos, ¿de cuál quiere mi amor?” con una gran sonrisa y amabilidad, así atrajo a un grupo de seis jóvenes, todos comieron, eso representaba un buen inicio de jornada laboral para Martha, la vendedora de chuzos.

Apenas iniciaba la noche de jueves, pues eran las 8:25, un día que atrae personas por las promociones que los bares ofrecen. En ´Cuadra Play’, también se encuentran establecimientos que permiten alojar en el cuerpo algo más que solo, deliciosos cocteles de tragos que con el paso de la noche borran la memoria hasta de los más prodigiosos. Y es que para muchos “el truco de no emborracharse y hacer el oso está en la comida”, según lo menciona Fidel Rey, joven que disfruta de una mazorca mientras la pasa con un sorbo de cerveza.

A la mitad de la carrera 34 se encuentra un lugar en el que por tan solo mil pesos puede degustar de una empanada, si de economía se trata este es el lugar, a diferencia de los chuzos, aquí puede entrar y sentarse mientras piensa en cuantas empanadas puede comer, como si este establecimiento perteneciera a un paisa (gentilicio de las personas que pertenecen al departamento de Antioquía) reconocidos por ser buenos comerciantes, pero sobre todo por los precios a los que ofrecen su mercancía, aquí puede encontrar de todos los tipos de empanadas y bebidas por solo mil pesos.

Hilda Serrano, de cabello oscuro, delgada, bajita, y con acento venezolano ofrecía los tipos de empanadas que había en el mostrador, como si fuera una grabación, soltó al unísono “ranchera, carne, mixta, hawaiana” y así prosiguió hasta que el cliente delante de ella se decidió por una.

La gama de comida rápida que se puede encontrar en ‘Cuadra Play’ aumenta con los días, un lugar que lleva menos de cuatro meses es ´Pizza Play Party’ donde los rangos de las pizzas esta desde 3 mil quinientos y 6 mil pesos. Gonzalo Bernal detrás de un mostrador aguarda que la gente aun después de leer el letrero grande que describe perfectamente los precios y tipos de pizzas que hay, al preguntarle “¿De qué tiene?” Él con cara amable las menciona y después de una larga decisión por parte de los clientes, se deciden. Es Jhonder Jesús Pérez, quién amasa y ubica con sutileza cada ingrediente sobre cada pizza para llevar al horno y luego a la mesa.

Son las 10 de la noche y después de los chuzos, las empanadas y pizzas, saliendo de la carrera 34 y subiendo por la calle 49 se encuentra un pequeño pedazo del continente Asiático y no son precisamente chinos. Un letrero que alumbra en un amarillo potente permite conocer el nombre de este lugar ‘Turkish’, el encargado de que la gente se siente sobre unas sillas altas de plástico y una repisa de metal improvisada y consuma un shawarma -comida típica de Turquía- que lleva carne de cordero, pollo o res, verduras y salsas, todo sobre un pan especial árabe que solo es hecho aquí en Colombia en la ciudad de Barranquilla desde donde es traído, este ‘árabe’ habla un español con acento extranjero que atrae a todo aquel que pasa desprevenido por este lugar.

La población venezolana ha encontrado en Bucaramanga una ciudad en la que pueden comenzar una nueva vida con mayores oportunidades. /CATALINA PORRAS

Ángelo Parra, ‘árabe’ que viste con ´fez’ como se le conoce a la gorra de forma cilíndrica con borla negra que representa para ese país la relación con el imperio Otomano, pantalón negro y camisa blanca manga larga. Este pedacito de Turquía en esta calle es algo que sale de lo tradicional que podría encontrarse en esta cuadra.

“El árabe” como lo cuenta Ángelo, es solo un personaje, ya que él es venezolano y solamente en un viaje que realizó al continente asiático conoció la comida rápida llamada Shawarma, que significa girar una carne sobre las brasas de forma vertical, esta comida típica tiene precio desde los 10 mil hasta los 20 mil pesos, dependiendo de los Toppings (anglicismo que se utiliza para nombrar los ingredientes de complemento) que cada cliente desee agregar.

Aunque sea en espacio público o en establecimientos legalmente constituidos ninguno de estos vendedores que con una sonrisa atraen a los transeúntes a que consuman los productos de los lugares en los que laboran, tiene un sueldo fijo con las exigencias legales que debe brindar todo trabajo para una vida digna.

En una noche de comidas por ‘Cuadra Play’ en Bucaramanga, se encuentra desde la más común hasta la exótica degustación de platos inusuales en establecimientos que comúnmente cierran a las 4 de la mañana, a los que llegan los ebrios a calmar el hambre que les da el trago, el curioso que sale solo por ver el ambiente, y quienes en su sano juicio (difícil de creer) terminan una noche de baile y buscan recuperar sus energías con algo de comer, hecho por manos en las que se esconden las historias.

Por Edna Catalina Porras Pico

eporras595@unab.edu.co


Esta nota hace parte del especial web ‘Detrás de la rumba’, para ver el especial completo, diríjase a este enlace: https://goo.gl/85KaxU

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Universidad Autónoma de Bucaramanga
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