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Carlos Daniel Serrano, las facetas de un deportista

No le gustaba la disciplina, por eso estudiar no era de su agrado. Le gustaba la pelea, por eso los pasillos del colegio eran su ring de boxeo. Ahora le encantan las armas, aunque solo ha empuñado una de paintball. 

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El apartamento de la familia Serrano tiene un rincón lleno de fotos, medallas, trofeos, diplomas y entrevistas realizadas al deportista desde sus inicios. /FOTO DIANA MARCERA PINILLA NIEVES.

Carlos Daniel Serrano Zárate se ve agitado. Hoy inicia su primer semestre de Cultura Física en las Unidades Tecnológicas de Santander, UTS. Tiene afán, y aun así, aceptó con reparos una entrevista en las Piscinas Olímpicas del Velódromo ‘Alfonso Flórez Ortiz’, un lugar lleno de aficionados y uno que otro deportista.

Sentado en un andén, sostiene la mirada sobre las manecillas del reloj y no en los ojos de quien le habla. Tiene un cuerpo atlético. Mide 1.45 centímetros. Se ve tenso incluso cuando sonríe.

A los cuatro años su familia conoció que padecía enanismo o talla baja. Acondroplasia, un trastorno en la hormona de crecimiento, en su caso, hereditario. Desde entonces el foco de los demás estuvo siempre sobre él, en especial en el colegio, donde su estatura era sinónimo de burlas.

A los 14 años descubrió el deporte. A partir de allí, cuando habla de natación su voz suena más seria y frunce el ceño, sabe que no todo fue color rosa. No recibió el apoyo necesario por ser joven y no tener una trayectoria.

La decepción lo alentó a tal punto que en enero de 2013 empezó a nadar, y para finales del mismo año ya estaba recogiendo medallas en el exterior.

Ahora y a sus 19 años, ha llegado más lejos que cualquier otro deportista de su edad. Ganó sus tres primeras medallas de oro en Argentina y a partir de ese momento, nada detendría su recorrido por Portugal, Escocia, Canadá, México, Brasil y Alemania.

Además, sería el Deportista del Año en la categoría Paralímpica de El Espectador y Movistar por dos años consecutivos.

Dichos logros que obtuvo sin ni siquiera haber participado en Juegos Paranacionales hoy lo tienen nominado al premio como Mejor Paraatleta de las Américas en 2017.

Los triunfos obtenidos por del deportista paralímpico de natación, Carlos Daniel Serrano. /FOTO DIANA MARCELA
PINILLA NIEVES.

El hijo

Fue criado por Sandra Milena Zárate, emplantilladora en una fábrica de calzado y Jairo Serrano, transportador de mercancía. La familia del deportista convive en un hogar que inspira respeto.

Los buenos modales los tiene hasta la mascota de la casa, Máximo, un lobo siberiano. De su mamá heredó el gusto por compartir con la gente y de su padre la mentalidad fuerte. Para ambos, los triunfos de su hijo son una alegría permanente, eso refleja su apartamento en el barrio San Alonso, en donde las mesas, paredes y cada rincón de su vivienda tienen suvenirs de los viajes hechos por Carlos Daniel.

Se hizo bachiller del Centro Piloto ‘Simón Bolívar’, y ahora su rutina vuelve a ser la misma como joven universitario. De pequeño, después de ir estudiar, regresaba a casa con más energía. Salía a montar bicicleta o patineta, montaba en todo lo que medio anduviera. Quería hacer todo al mismo tiempo, una manía que no ha dejado.

Cada vez que alguien apartaba la mirada por un par de minutos, Carlos Daniel les tenía una nueva sorpresa, sino era el ventilador dañado, podría ser una cama partida, y con suerte, las paredes rayadas. “Con él era llegar a la casa y encontrar cualquier cosa extraña”, recuerda su madre. Esa fue la razón que la llevó a inscribirlo constantemente en cursos para que concentrara su energía en algo apropiado.

Sufrió de matoneo en la escuela, como cuentan sus papás. En medio de risas corrigen el comentario y dicen que, más bien, disfrutó del matoneo en la escuela. Quienes lo sufrieron eran aquellos que se burlaron del niño talla baja y puños contundentes que a la salida de clases siempre tenía una riña pendiente. Su condición nunca ha representado un peligro para su vida, mucho menos lo haría el bullying sin argumentos.

El defenderse no fue una tarea difícil. En el colegio la presencia de mamá se volvió permanente para firmar el observador por su comportamiento. No por grosero, sino por inquieto y hablador. Un día subió al techo del colegio y otro, se le dio por escaparse.

Sandra Milena Zárate, mamá de Carlos Daniel Serrano, sostiene el álbum de fotos familiar. Recuerda que su hijo disfrutaba el agua desde que nació, solo que no sabía nadar. /FOTO DIANA MARCELA PINILLA NIEVES.

El aprendiz

En diciembre de 2012  conoció a quien sería su entrenador, Luis Carlos Calderón Fuentes. Esta vez, Sandra había matriculado a su hijo en otro curso vacacional debido a su hiperactividad. Lo inscribió a natación. No había más de donde elegir, él ya había estado matriculado en todo lo demás. Con 14 años Carlos Daniel practicaba natación con niños de 10 años.

Días antes de finalizar el curso, aquello que otros vieron como discapacidad, Luis Carlos lo vio como un gran potencial. Pero la alegría le duró poco. Para alguien sedentario como él, hacer el esfuerzo de ir a entrenar era pedir demasiado. Quiso renunciar. Pero su futuro entrenador lo visualizó y proyectó como campeón mundial, incluso antes de arrancar el proceso deportivo con él.

Antes de nadar su rutina era ir de la casa al colegio y del colegio a ayudar con el aseo. Se aburría, pues ese no era precisamente su pasatiempo favorito.

Se enamoró. Ella lo incitó a ser quien ahora ama ser. La natación ha sido, hasta ahora, su único amor. Para las chicas de carne y hueso ahora no hay tiempo.

Descubrió el antídoto contra una vida aburrida estando bajo el agua. Decidió que no perdería el impulso. Esta vez no se negaría a nada, la palabra “no” salió de su vocabulario. El joven desinteresado por el mañana, ahora tenía una vida en el deporte paralímpico.

En agosto de 1998 nace un nadador veloz, al estilo de un tiburón Mako, que por falta de recursos económicos no se dedicó a ningún deporte de combate.

Al cliquear su nombre en el buscador de YouTube, revive cada que quiere su campeonato en los Juegos Paralímpicos de Río 2016. Escuchar al narrador lo hace querer devolver el tiempo a ese momento. Se estremece al recordar el que considera el mejor año para su carrera deportiva.

Es un joven que no se apega a sus medallas, diplomas, trofeos o cuanta cosa recibe, él sabe que el placer está es en el agua. Literalmente obsequia sus reconocimientos, y su entrenador encabeza la lista.

Durante una entrevista en Alemania, luego de finalizar el campeonato en los Open Internacional de Natación de Berlín, Carlos hizo nuevos récords del mundo y los periodistas no se hicieron esperar con preguntas. Eso era algo usual. El problema fue cuando preguntaban en alemán e inglés. Carlos no entendía ni una palabra.

A su lado tenía a Daniel Giraldo, un compañero y nadador habilidoso para hablar en ambos idiomas. Ese sería su conejillo de indias, su traductor improvisado. Así que optaron por pedirle ayuda a Giraldo, quien con gusto les tradujo lo que los medios preguntaban.

Colección de revistas en las que ha sido noticia el joven deportista. /FOTO DIANA MARCELA PINILLA NIEVES.

El hermano

Carlos Daniel es hijo único, pero en 2013 conocería a Maicol Andrés Mora, a quien llamaría hermano. Un joven huérfano que también es deportista paralímpico de natación.

Maicol, quien ahora tiene 15 años, nació con dismelia en la mano derecha, es decir, con la ausencia de un miembro, y una distrofia muscular en el brazo izquierdo con limitaciones a la flexión. Así que, su rutina consiste en entrenamiento, gimnasio, terapias, estudio y más entrenamiento.

En 2010, su padrino Moisés Fuentes García, le dio una beca de natación y ahí se quedó, era su oportunidad de una nueva vida. Una noche después de entrenamiento Sandra le ofreció a Maicol quedarse a dormir en su casa, pues a la mañana siguiente tenían campeonato y él accedió, debido al horario.

Desde ese día entrenan y viajan a competencias juntos. Lo motiva saber que cuenta con el respaldo de quien para él es el mejor nadando.

La familia del deportista ahora también es su hogar. Recibe apoyo económico, alimentación, educación y buena compañía. Para él “es diferente el entorno, aquí todos tienen buena actitud”.

La meta en su plan de vida es clara y simple, ser el mejor nadador de todo el mundo no es algo negociable. Por ahora, la siguiente parada de Carlos Daniel Serrano Zárate será en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Se aleja corriendo, como si disfrutara dejar de contarle su vida a una extraña.

Por Johana Pacheco Guzmán
lpacheco241@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga
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