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Tres venezolanos que aportan al crecimiento económico en la capital santandereana

Mientras cerca de 374.000 ciudadanos provenientes de Venezuela se encuentran de manera irregular en el país, según cifras de Migración Colombia, la minoría de migrantes llegó a establecer su propio negocio.

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En Banana’s su dueño atiende la barra, pasa la comida y en ocasiones se sienta a comentar con sus clientes la experiencia vivida en el restaurante. /FOTO PAULA ANDREA SANABRIA

A finales de 2017 Migración Colombia reportó la presencia de más de 550 mil venezolanos en el país. Dicha cantidad corresponde a colombianos retornados o ciudadanos natales que se vieron obligados a dejar su país por la crisis que están afrontando. Para estos, ya sea que hayan entrado de manera regular o irregular al territorio colombiano, el gobierno implementó el Permiso Especial de Permanencia(PEP), una medida alterna para regularizar la estancia de estos durante los dos años siguientes a la fecha de su expedición.

En el quinto piso de la fase II de la Alcaldía de Bucaramanga está la oficina de atención a la comunidad, dirigida por Amparo Hurtado Peña, quien a diario atiende a los migrantes venezolanos que van en busca de ayuda. “Las personas llegan aquí queriendo sacar permisos, buscando empleos, estadía, yo les muestro cómo pueden hacer los trámites”, comenta Hurtado Peña. A 31 de diciembre de 2017 solo cerca de 69 mil venezolanos regularizaron su estancia gracias al PEP, esto equivaldría a aproximadamente el 12,5 %, además cerca del 10,3 % contaba con cédula de extranjería.

Desde la crisis en el vecino país se ha vuelto cotidiano encontrar a sus habitantes en las calles colombianas pidiendo dinero, vendiendo dulces, bailando e inclusive limpiando vidrios, pero otro porcentaje llegó a Bucaramanga con el propósito de abrir sus propios negocios. Locales como peluquerías, barberías, ventas de maquillaje y en especial diversidad de ofertas gastronómicas son de su propiedad.

En este auge de negocios venezolanos, asegura Amparo Hurtado que “los que vienen a ejercer en la cocina son los que menos se varan, pues si no tienen un título pueden hacer cursos del Sena solo con su pasaporte”. Personas como José Rodolfo Pacheco Quintero, Alba Cecilia Pereira y Frank Viloria Santiago llegaron a Bucaramanga con sus propuestas gastronómicas.

Fofy’s decidió incluir platos de comida rápida colombiana en su menú al establecerse en Bucaramanga. /FOTO PAULA ANDREA SANABRIA

‘Fofy’s Burger and Grill’
José Pacheco es un merideño de 50 años, ingeniero mecánico de la universidad de Los Andes de Venezuela, quien encontró en la cocina una fuente de ingresos. Desde 1995 empezó a trabajar en el ámbito gastronómico.

En el 2005 creó la marca Fofy’s y bajo este nombre abrió seis restaurantes, dentro y fuera de Mérida, pero se vio afectado por la problemática de su país, “los últimos años en Venezuela se hicieron insoportables, insostenibles para los negocios; tuvimos que ir cerrando los locales uno a uno porque no se podían sostener”, asegura.

En julio de 2017 vino a Bucaramanga, miró las posibilidades de establecer su negocio en esta ciudad y junto a su esposa, Soraya Flórez Vélez, decidieron traerse su marca a Colombia. Soraya es ciudadana colombiana, lo que le permitió a José Pacheco Quintero sacar la cédula de extranjería y entrar de manera regular al país.

Los trámites para legalizar y ejecutar su negocio en Colombia los hicieron a nombre de Soraya Flórez, lo que les facilitó y agilizó el diligenciamiento de la documentación para dar apertura a Fofy’s en noviembre de 2017. Aunque conservaron su nombre y sus recetas venezolanas, estos esposos le dieron un vuelco a la marca, la rejuvenecieron, le cambiaron su logo y adoptaron algunas recetas de comida rápida colombianas. El restaurante está ubicado en el barrio Mejoras Públicas.

El restaurante
Sabor
Aquí está ubicado en
el barrio San Alonso. /FOTO PAULA
ANDREA SANABRIA

‘Sabor Aquí’

Alba Pereira salió de Venezuela hace 14 años tras ser afectada por el chavismo y se considera una antichavista oficial, pues asegura que jamás ha estado a favor de ese gobierno y por esta razón abandonó su país natal.

Es chef profesional y esto la llevó a abrir su primer restaurante en Caracas, ‘La Junquera’, el cual fue saqueado y destruido por el gobierno, según asegura ella, luego de que decidiera unirse a un paro petrolero. Este hecho dejó a esta guara (proveniente de Barquisimeto, estado de Lara) en la quiebra, pues el local lo había pagado con préstamos y con la hipoteca de su apartamento.

Además de la crisis económica que estaba enfrentando, fue incluida a la lista “Tascón”, la cual le prohibía desde ser contratada en cualquier oficio hasta poseer una cédula de ciudadanía. Con algunos ahorros, su partida de nacimiento, su pasaporte y la cédula de su mamá, quien es colombiana, decidió venir a Colombia a cambiar su destino. Al llegar obtuvo la cédula colombiana y empezó a trabajar en el centro de capacitación Sembrando Habilidades, enseñando a cocinar.

Trabajó durante 10 años enseñando hasta que decidió iniciar su propio negocio, ‘Sabor Aquí’, de la mano de su socia colombiana, Constanza Pérez. Iniciaron vendiendo a domicilio comida venezolana; durante un año manejaron solo domicilios. Abrieron el local el 18 de agosto de 2013 y en vista de los gustos gastronómicos de las personas decidieron implementar todas las recetas típicas venezolanas dejando de lado la comida saludable.

El pan de jamón y la arepa venezolana empezaron a ser los protagonistas de su negocio. A los seis meses de su apertura, un compatriota suyo llegó a pedirle información para ir a Venezuela, hizo unas llamadas, le despejó sus dudas y desde ese momento empezó a correr la voz a voz de que ‘Sabor Aquí’ era ‘la embajada’, o, ‘el segundo consulado venezolano’.

Hoy, después de casi cinco años, Alba se ha convertido en la vocera de sus compatriotas en esta ciudad, a su restaurante llegan a diario decenas de estos en busca de información o donaciones, lo que la llevó a unirse con algunos conocidos y crear la fundación Entre Dos Tierras con el fin de ayudar a sus coterráneos. Están ubicados en el barrio San Alonso.

El cóctel ‘diablo azul’ es el más vendido en Banana’s. /FOTO PAULA ANDREA SANABRIA

‘Banana’s Gill & Bar’
“Me fui de Venezuela porque vi cómo murió la hija de un amigo, un amigo que tenía mucho dinero, su hija se le enfermó y en nuestro país no había el medicamento que necesitaba, al ver esto dije: “no quiero que se me muera mi hija””. Esta es la razón de peso por la que Frank Viloria Santiago decidió cerrar su local de 14 años en Venezuela y salir del país en busca de una mejor calidad de vida. Es un merideño de 46 años quien lleva trabajando 30 años en bares y restaurantes.

Es dueño y creador de Banana’s, un local que empezó como una venta de cocteles, jugos tropicales y helados con siete sillas, y que terminó convertido en un bar para 400 personas. Operó durante 14 años en la terraza del centro comercial Mediterráneo en Mérida y cerró sus puertas en febrero de 2017 debido a la crisis que afrontaba el país.

En busca de rehacer su vida Viloria viajó a Republica Dominicana, Ecuador y Argentina, pero terminó eligiendo Colombia. Se estableció en Bucaramanga por la cercanía con su ciudad natal. Junto a su esposa sacaron la visa de inversionistas para poder abrir su negocio en este país, el cual inauguró en junio de 2017.

Pasó de estar acostumbrado a una vida de lujos donde dirigía a sus 12 empleados en Merida, a convertirse en el mesero y barman de su negocio en Bucaramanga, “para mí fue duro venirme cuando allá mi negocio siempre estaba lleno, yo manejaba mis camionetas Toyota, mis motos BMW, y ahora aquí ando en cicla, pero estoy feliz y tranquilo”, feliz y tranquilo, así se define este venezolano después de las situaciones vividas. Asegura que su local, ubicado en el barrio Mejoras Públicas, lo visitan a diario desde rectores de universidades hasta transeúntes del sector.

Christian Krüger Sarmiento, director general de Migración Colombia aseguró en un comunicado que “la migración es positiva para el desarrollo, siempre que se haga de forma regular y respetando la normatividad propia del país”, es decir, que el otro lado de los venezolanos, aquellos que llegan a montar sus negocios y a generar oportunidades laborales, hacen que de una u otra manera se genere un crecimiento económico en la nación.

Por Paula Andrea Sanabria Palomino.

Psanabria179@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga