Quiénes Somos

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Historia de Periódico 15

El periódico 15 es el espacio que actualmente tienen los estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Bucaramanga para hacer sus prácticas en periodismo escrito; sin embargo, no es el primero. En 1992 el docente Guillermo León Aguilar Roldán, junto con los estudiantes de los cursos Prensa (tercer semestre) y Taller de Periodismo Escrito (sexto semestre) (ver anexo 6), comenzó a elaborar el periódico Zeta (ver anexo 7) que se producía con recursos de los integrantes del equipo de redacción y se publicaba semestralmente como fruto del trabajo de clase.

Zeta presentaba temas de ciudad e información de carácter institucional, contados en los diferentes géneros periodísticos; las notas breves institucionales estaban a cargo de los estudiantes de la asignatura Prensa, del docente Pablo Emilio Buitrago Rugeles, mientras que las crónicas, entrevistas y reportajes de largo aliento las elaboraban los estudiantes de Taller de Periodismo Escrito.

El proceso de elaboración de cada edición de Zeta iniciaba con la planificación de temas de acuerdo con los géneros periodísticos que se desarrollaban como parte del contenido de las clases; los estudiantes realizaban el proceso de reportería siempre bajo la orientación y asesoría del docente del curso, quien hacía las veces de editor. Esta labor era independiente de las responsabilidades propias del curso; la escritura de los textos se hacía en la llamada “Sala de Redacción” que era un salón dotado con máquinas de escribir mecánicas.

El texto era evaluado y calificado por el docente para cumplir con los requisitos académicos del curso; posteriormente, de todos los trabajos presentados por los estudiantes se seleccionaban los mejores para publicar en Zeta, no sin antes recibir las correcciones señaladas por el editor del periódico.

Las fotografías del periódico eran responsabilidad de los estudiantes participantes, bajo la coordinación de un docente del programa, perteneciente al Centro de Producción de Televisión (CPTV) y con el apoyo del Centro de Multimedios de la Universidad.

El diseño gráfico de Zeta era responsabilidad del profesor Aguilar Roldán, quien tiene formación de posgrado en Recursos Publicitarios. Este proceso lo hacía manualmente y casi de manera artística, pues primero elaboraba un bosquejo en el tablero frente a los estudiantes participantes del número de turno y posteriormente, en una hoja y con lápices de colores detallaba cada elemento que contenía la página.

Las primeras ediciones de esta publicación se hacían en formato tabloide europeo (31,5 cms. x 44 cms.), a dos tintas (negro y verde), con 12 páginas de información distribuida en secciones como: Personaje, Medios, Eventos, Política, Ciudad, Expresión, Gente, Gente de la U y Deportes.

La impresión de Zeta se efectuaba en talleres gráficos de la ciudad y su distribución corría por cuenta de los estudiantes quienes lo vendían para recuperar parte de los gastos de producción.

Zeta llegó hasta el año 2000 con 20 números, debido a que en octubre de ese año reapareció el informativo institucional Vivir la UNAB (ver anexo 8), espacio de aproximación al periodismo escrito que tuvo cuatro etapas; la primera se remonta a 1989, cuando era una hoja fotocopiada con información de actividades culturales; la segunda, entre 1995 y 1997, con información similar, pero en formato oficio plegado en tres cuerpos; en la tercera etapa, de 1997 a 2000, la publicación pasó a ser digital y estaba alojada en la página web de la Unab.

En estas tres primeras etapas la publicación era realizada por funcionarios de la Universidad y fue solo hasta la cuarta, que inició el 9 de octubre de 2000 cuando volvió a ser impreso, que algunos estudiantes tuvieron la posibilidad de escribir notas.

El resurgimiento de esta publicación obedeció a la creación de la dependencia Producciones Unab, cuya misión fue centralizar las comunicaciones internas y externas de la institución. Como parte de esas labores se rescató ese proyecto de información, se formalizó y se consolidó como el medio institucional por excelencia, en el que poco a poco se fueron creando espacios para la participación de estudiantes de Comunicación Social, a tal punto que, de acuerdo con el Informe Anual de Actividades 2001 de Vivir la UNAB, presentado por su coordinador, Juan Gonzalo Betancur Betancur al director de Producciones Unab, Francisco Gómez Nadal, se contó con la participación de 25 estudiantes de dicha carrera, de los cuales tres eran becarios y además contaban con el apoyo de un practicante de periodismo.

“Ha sido importante el aumento gradual de estudiantes de Comunicación Social vinculados al informativo, dentro de la estrategia de convertirse en un medio de práctica de la facultad. Con los estudiantes vinculados hubo avances como la mejoría en la calidad de los textos, la aplicación de la visión periodística sobre cómo cubrir actividades de la Universidad y la presentación de originales. Esa exigencia de calidad fue entendida por la mayoría de ellos, mucho más que aquella que reclama un profesor en sus trabajos de clase, como una necesidad real para un público concreto”, puntualizó el coordinador en el informe.

Sin embargo, la dependencia advirtió que el número de estudiantes era bajo (menos del 10 %) pese a que no había ningún requisito para el ingreso a la redacción del medio, salvo el interés de participar, por lo cual el coordinador insistía en la necesidad de que más estudiantes se debían vincular a este producto informativo, “no tanto porque se requiera para realizarlo, sino porque debe ser uno de los medios de práctica. Para ello se continuará solicitando a los profesores de la facultad, y en especial a los del área de periodismo, estimular a los muchachos para que escriban”.

Los estudiantes del programa de la época recordaron que empezaron a tener participación de manera esporádica y voluntaria, tanto en el área periodística como en la administrativa –algunos de ellos posteriormente formaron parte del primer grupo de colaboradores del periódico 15–.  Una de las integrantes de ese primer grupo fue Xiomara Karina Montañez Monsalve, quien dijo que “empecé con Vivir la UNAB; éramos un grupo del mismo semestre; en un principio, en mi caso, más en cosas de tipo organizacional y eventualmente escribía”.

Libardo Andrés Jácome Suescún, otro integrante de ese grupo de estudiantes, sostuvo: “Básicamente esa pequeña escuela de periodismo empezó con Vivir la UNAB, que era el periódico institucional que se había creado un par de años antes y 15 era ese salto a hacer periodismo”.

El boletín se hacía en formato oficio (21,5 cms. x 33 cms.), a una tinta (negro), sobre papel ocre; la información se presentaba en cuatro páginas en notas breves y noticias sobre actividades académicas, administrativas, culturales y deportivas de la Universidad. La impresión se efectuaba en litografía y se distribuía manualmente dentro y fuera de la Unab.

La dinámica de producción del medio iniciaba con un consejo de redacción que se efectuaba en las instalaciones de Producciones Unab, en la mañana de cada lunes; esta reunión la orientaba el coordinador de Vivir la UNAB y en ella los colaboradores proponían temas de acuerdo con las fuentes institucionales que les fueron previamente asignadas. Una vez establecido el contenido de la edición, los estudiantes iniciaban la labor de reportería (recopilar la información y tomas fotográficas) y los jueves los textos debían estar listos para su revisión y corrección por parte del coordinador, y posterior diagramación, la cual estaba a cargo de un equipo de diseñadores de Producciones Unab.

Debido al carácter voluntario de los estudiantes que participaban en la elaboración del boletín, Betancur Betancur manifestó en su momento que no se había podido optimizar el proceso de producción en cuanto al respeto de tiempos de entrega de materiales, edición de textos y montaje; con respecto a la fotografía, alertó sobre los graves problemas de calidad, pese a que los estudiantes colaboradores habían aprobado el respectivo curso en el programa.

La agenda temática de Vivir la UNAB fue netamente institucional durante su primer año de actividades; al inicio del segundo, en febrero de 2002, cambió para darle cabida a temas de actualidad periodística de la ciudad, sin dejar de lado las actividades de la Universidad.

Como parte de esa evolución, Vivir la UNAB publicó una edición especial el 11 de marzo de 2002 sobre las Elecciones Legislativas efectuadas el día anterior. En este experimento periodístico de ocho páginas en tamaño tabloide europeo, con un tiraje de 4.000 ejemplares, participaron 17 estudiantes del programa de Comunicación Social, coordinados por el equipo de profesores del área, con el apoyo de la oficina de Producciones Unab.

“Por primera vez en Colombia un periódico universitario compitió con los grandes medios en cuanto a variedad de contenidos, calidad de la información y rapidez en la circulación sobre un hecho noticioso de esa magnitud”, reseñó dicho medio en su edición 52 del 18 de marzo de 2002.

El boletín destacó que la iniciativa surgió de un proyecto de clase en uno de los cursos de periodismo en el que se propuso organizar a los miembros del grupo como la redacción de un periódico para cubrir la jornada electoral como si se tratara de cualquier otro medio informativo. La propuesta contó con el apoyo de las directivas de la Universidad quienes solventaron los costos de la producción e impresión.

En el artículo en mención, Vivir la UNAB consultó a periodistas pertenecientes a medios locales, quienes se refirieron a este ejercicio académico-periodístico, como Betsy Barraza, redactora de Vanguardia Liberal, quien apuntó: “Sin duda los estudiantes que participaron en el cubrimiento de la jornada electoral y en la elaboración del periódico aprendieron más de lo que hubieran aprendido estando sentados en un salón de clase escuchando a un docente hablar sobre sus experiencias en los medios”; y Fernando Peña Méndez, de RCN Radio, agregó: “Me gustó, además que sorprendió a todo el mundo y demostró una vez más que la Universidad está en capacidad de poderle ofrecer al público universitario y a la comunidad en general productos con información completa”.

De igual forma, el diario nacional El Tiempo destacó el trabajo periodístico efectuado por estudiantes y docentes de la Unab, en la edición del viernes 15 de marzo, que tituló “Periodismo real en la U”. En ese artículo se lee: “Salirse de la teoría es lo que resalta Adriana Gómez, de 22 años, quien escribió un artículo sobre las violaciones a las normas sobre publicidad política: ‘Es importante porque no se hizo solo para una clase, al punto que nadie está pensando en qué nota le irán a poner’, comenta”.

Jorge Barva Serrato, otro de los participantes en la edición, comentó al periodista de El Tiempo: “Uno se mató todo el día, pero al final uno ve el proceso y se da cuenta que fue muy bacano vivirlo afuera o en una sala de redacción y no en un salón de clase. Es difícil, porque no se había hecho, pero lo hicimos y fue a punta de ganas”.

La edición especial de Vivir la UNAB sobre Elecciones sirvió para reforzar el proyecto presentado por Producciones Unab a las directivas de la institución dentro del Plan Prospectivo 2000-2006 sobre la creación del periódico 15. Aunque inicialmente el proyecto comunicativo se pensó como una revista cultural, rápidamente esta idea fue desechada para darle paso a la de una publicación periódica y de información general.

La idea fue concebida por el director de Producciones Unab, el español Francisco Gómez Nadal, quien estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y posteriormente el Máster de Periodismo del diario El País (Madrid, España) en 1996, de donde viajó a Medellín a cumplir con sus prácticas en el diario El Colombiano (allí conoció a Juan Gonzalo Betancur Betancur); posteriormente dirigió el diario La Tribuna en Nicaragua, para luego volver a El País en donde estuvo dos años, antes de regresar a Colombia en 2000 para vincularse a la Unab.

Gracias a que el director de Producciones Unab (dependencia que entre una de sus funciones tenía el manejo de las publicaciones de la Universidad) tenía “línea directa” con la Rectoría, la idea se cristalizó sin obstáculos, lo que permitió que el equipo de redacción planeara y efectuara pruebas durante cuatro meses de lo que sería el nuevo medio de comunicación.

Los integrantes de Producciones Unab observaron que Vanguardia Liberal era prácticamente la única publicación que tenía la ciudad y que no ofrecía muchas opciones informativas, por lo cual proponen el periódico como tal para ofrecer más investigación, más crónica y más análisis; en general, más temas de la ciudad que no eran tocados por otros medios.

A partir de esas reflexiones es que se planteó el proyecto de 15 como alternativa informativa, con las siguientes características:

  • 15 fue concebido como una publicación quincenal dirigida a jóvenes y adultos de clase media y alta de la ciudad de Bucaramanga.
  • Sería realizado por Producciones Unab con la colaboración de la Facultad de Comunicación Social.
  • La financiación del medio se sustentaría en la venta de publicidad y la venta del periódico en quioscos y suscripciones.
  • La Universidad se vincularía pagando el salario de los coordinadores, de un periodista de tiempo completo, un practicante y con la infraestructura operativa.
  • Se propuso que fuera de tamaño tabloide europeo, de 12 páginas.
  • La dirección estaría en cabeza del director de Producciones Unab y del jefe del área de Prensa y Publicaciones Periódicas (director adjunto).
  • Los profesores del énfasis de Periodismo de la Facultad de Comunicación Social prestarían apoyo a la dirección.
  • La realización del periódico se concibió para un equipo de seis personas: director adjunto, un periodista, un practicante, un fotógrafo, un becario y dos estudiantes colaboradores.
  • Los estudiantes y docentes del énfasis de periodismo (séptimo, octavo y noveno semestres) tendrían la oportunidad de colaborar en la publicación.
  • El contenido noticioso no se enfocaría en lo institucional, sino que se enfocaría en temas de ciudad; además, estaría abierto a recibir colaboraciones de otras personas.
  • La orientación y dirección siempre sería exclusiva de la Unab.

En cuanto a la agenda informativa de la publicación, el proyecto planteaba una “apuesta” por los siguientes temas, que para entonces dominaban la nueva agenda social y política en el mundo, sin desconocer que se podrán abordar otros temas de interés general:

  • Información local.
  • Derechos Humanos, guerra y paz.
  • Educación, ciencia y tecnología.
  • Medio ambiente.
  • Arte y cultura.
  • Género y minorías étnicas.

La publicación propuso además espacio para otros artículos que sin ser periodísticos, fueran importantes por el contenido, estilo, oportunidad y actualidad.

Asimismo planteó como “segunda línea de trabajo” el periodismo de servicio, entendido como información útil para el lector en términos prácticos.

En cuanto a la opinión, 15 daría cabida a dos tipos de textos: columnas y cartas de los lectores.

15 aclaró que su contenido periodístico jamás serviría a intereses políticos o económicos y su carácter informativo siempre estaría orientado al bien común y al debate sobre lo público.

El tercer acápite planteado en el documento de proyección de 15, tiene que ver con las responsabilidades de los miembros del equipo, distribuido en: director, director adjunto, consejo editorial, equipo periodístico base, equipo periodístico secundario y colaboradores.

  • Director: Tendría la responsabilidad de la orientación ideológica y de los contenidos periodísticos.
  • Director adjunto: Tendría funciones de jefatura de redacción y de orden operativo.
  • Consejo editorial: Asesoraría permanentemente al medio; estaría integrado por los profesores del énfasis de periodismo de la facultad de Comunicación Social y su decano; el rector o su representante y representantes de Producciones Unab para asesoría en aspectos de contenido, diseño, comercialización y distribución.
  • Equipo periodístico base: Estaría encargado de realizar el producto como tal y garantizar su publicación quincenal.
  • Equipo periodístico secundario: Estaría integrado por estudiantes de los cursos del énfasis de periodismo. Sería responsable de hacer algunas noticias bajo la coordinación de los docentes del área.
  • Colaboradores: En este grupo estarían los columnistas, diseñadores y los encargados de la comercialización y distribución.

El periódico contempló su metodología de trabajo de la siguiente manera:

  • El consejo editorial se encargaría de la asesoría desde el punto de vista temático. También de la evaluación del contenido periodístico y definición de la línea editorial.
  • El equipo base trabajaría como cualquier otro medio de comunicación: efectuaría consejos de redacción para definir temas, responsables, cubrimiento, extensión de textos, imágenes, enfoques, horas de cierre y control de calidad.
  • El equipo periodístico secundario también haría lo propio, pero en sus clases, como una forma de vincular los cursos regulares al proyecto informativo.
  • Con los temas planteados y la investigación periodística, tanto el equipo base como el secundario definirían el tratamiento visual de la información.
  • Una vez finalizada la reportería y la redacción de los textos, estos serían revisados por los profesores, para hacer las correcciones pertinentes.
  • Los aportes de los colaboradores serían revisados por los directores.
  • Todos los textos se pasarían a los directores, quienes tomarían la decisión de su publicación o no.
  • El montaje del periódico contemplaba el diseño, diagramación, revisión y corrección de pruebas y artes finales. Esta labor sería responsabilidad de uno de los diseñadores de Producciones Unab.
  • La impresión del periódico se haría en las rotativas del diario La República, de Bogotá.

Con estos aspectos presentados, el proyecto de 15 planteó la siguiente estructura organizacional:

Figura No. 2 Organigrama proyectado para 15 en 2000

Fuente: Plan Prospectivo 2000-2006 Producciones Unab y Facultad de Comunicación Social (2000).

De igual manera, la proyección contempló una dinámica de trabajo que denominaron “Con un número adelantado”, con lo cual querían decir que debían tener lista en un 90 % la edición a publicar para empezar el proceso de la siguiente. Para cumplir con este propósito se diseñó el siguiente cronograma:

 

Dentro de la planificación del proyecto se sugirieron tres indicadores de gestión para medir la calidad del periódico: el primero, un estudio de lecturabilidad el cual se advierte en el documento que no se realizaría por carencia de presupuesto; el segundo, reuniones bimestrales con grupos focales de lectores para evaluar los contenidos y obtener información sobre posibles nuevos temas, y el tercero, efectuar reuniones del consejo de redacción con el grupo base y en las clases con los estudiantes del equipo periodístico secundario para evaluar los contenidos según los criterios periodísticos (importancia social de la información, cercanía con los lectores, profundidad en la información, análisis, cantidad de datos, características de las fuentes y uso del lenguaje).

De esta manera, meses antes de la aparición del primer número de 15, parte del equipo de redactores de Vivir la UNAB salió del boletín y se dedicó a preparar la nueva publicación, bajo la orientación del director Juan Gonzalo Betancur, quien también dejó la coordinación del primero y fue reemplazado por la periodista y profesora de Comunicación Social, Mary Correa Jaramillo, tal como lo anunció el informativo en su edición No. 46 del lunes 4 de febrero de 2002, en su primera página, en donde además se anuncia la publicación de “un periódico quincenal para la ciudad, que también se hará en la Universidad y que circulará desde mediados de marzo”. Sin embargo, el miércoles 15 de mayo de 2002 circularon por primera vez en Bucaramanga y los municipios del área metropolitana (Girón, Floridablanca y Piedecuesta) 4.000 ejemplares del periódico 15 (ver anexo 9), una publicación gratuita cuyo nombre obedece a la periodicidad del mismo y a que en ese entonces la carrera 15 era la principal arteria vial de la ciudad, la cual la atraviesa de sur a norte. En su cabezote, marcado con un número “15” en tipografía blanca sobre un fondo azul, sobresale el eslogan “La ciudad vive”.

“Lo que pretendemos es mostrar otras facetas de la ciudad, tener una temática diferente a la que plantean los medios tradicionales. La idea es alejarse un poco de la agenda informativa cotidiana y contarles cosas a los ciudadanos para que se cuestionen un poco sobre el lugar donde viven”, explicó Francisco Gómez Nadal a los medios de comunicación presentes en la ceremonia de lanzamiento de 15, efectuada ese día a las 7:30 de la noche en el Teatro Coliseo Peralta, de Bucaramanga.

Desde ese primer número 15 tuvo 16 páginas en formato tabloide europeo, de las cuales ocho eran a color; además de su tamaño, este periódico se ha identificado por presentar en su portada una sola imagen sobre el tema más importante a desarrollar, acompañado de los titulares de otras informaciones.

El primer titular de 15 fue “Transporte urbano: de la radiografía a las soluciones”. Otros temas tratados en esa edición fueron: “Bucaramanga es menos verde que Bogotá”, “La creatividad ayuda a conseguir trabajo”, “La ciudad recibe lo mejor del cine europeo”, “Una norma divide a colegios y Mineducación” y “Servicios de utilidad para usted”.

A partir de ese momento inició una nueva etapa en la formación de periodistas en la Unab, al constituirse 15 en el espacio de práctica natural para los estudiantes de la facultad que querían ir más allá que un aprendizaje en el salón de clase.

Mary Correa Jaramillo, profesora de la facultad y coordinadora de Vivir la UNAB en ese entonces, recordó: “La idea del periódico 15 fue tener dos clases de ‘periodistas estudiantes’: un primer grupo de voluntarios –con una rutina constante de trabajo periodístico– porque estaban apasionados por el oficio. Ellos habían llegado al medio por deseo propio o porque los profesores del Énfasis de Periodismo (semestres 7, 8 y 9 de la carrera) valorábamos sus capacidades para la redacción noticiosa y de crónicas o reportajes, pero no había compromiso alguno de nota. Si el estudiante quería, escribía, se evaluaba su trabajo y si se determinaba que era publicable, aparecía, con el crédito correspondiente como periodista de 15. Recuerdo que algunos trabajos sí recibieron notas académicas porque los docentes así lo decidieron, como especie de estímulo, pero esa no era la constante ni era obligación de los profesores. Lo bonito allí fue ver cómo creció la pasión por el periodismo y por 15”.

Con ese grupo de voluntarios se creó una pequeña “escuela de periodismo”, emulando la existente en el diario El País de España –de la cual hizo parte el director Gómez Nadal–. Entonces, estos estudiantes recibían las clases normales de la facultad, pero además se les reforzaba en algunos aspectos en tiempos que ellos destinaban para esto.

Un ejemplo de la voluntad que los estudiantes mostraron al inicio del proyecto está reflejado en esta anécdota que relató la profesora Correa Jaramillo: “Una noche, ya después de las nueve, recibí una llamada de un padre de familia muy preocupado porque su hijo no había vuelto de la Universidad: ‘Profesora’, me dijo, ‘disculpe si le molesto y no quiero sonar a papá ansioso, pero usted puede decirme ¿si es cierto que los muchachos pasan tantas horas allá en la U? Es que de verdad me tiene extrañado tanto afecto al estudio’. Yo no pude sino sonreírle y luego de invitarlo incluso a pasar por las instalaciones de Producciones Unab, para ver la ejecución del periódico, le dije que cuando la aventura de ese medio universitario había iniciado, ninguno de nosotros imaginó la pasión de esos chicos, su coraje para sacar adelante semestres de carrera y periódico cada 15 días y hasta su frescura para aguantar tantas horas sentados frente a un computador. El padre de familia me dijo entonces: ‘Si no le molesta, dentro de un momento les llevo una pizza a los que están allá para que al menos esos muchachos pasen el rato sin hambre; cuénteme cuántos están allí reunidos, no les vaya a decir nada de mí, pero la vuelvo a llamar para que salga a recibirme la pizza. ¡Es que estoy descrestado!’”.

El segundo grupo al que se refirió la docente, los “periodistas estudiantes”, estaba conformado por los matriculados en los cursos del énfasis de periodismo, en cuyas clases, a la par de otros ejercicios, se escribían algunos textos con el propósito de ponerlos en consideración de los directivos del medio con miras a su posible publicación. Estos estudiantes no tenían obligatoriedad alguna con 15, ni la nota del curso estaba condicionada por la publicación o no en el periódico.

Sobre la relación entre los cursos del énfasis de periodismo del programa de Comunicación Social con la producción del periódico, Libardo Andrés Jácome Suescún –uno de los miembros del equipo base–, señaló: “En ese momento no había ninguna relación. El periódico tenía ese equipo base y cada uno tenía un tema cada quince días, porque era el escenario de práctica, es decir, como apenas estaba empezando 15 no iban a relacionarlo con los estudiantes por temor a que saliera algo mal, entonces primero querían desarrollar el espacio y cuando ya estuviera consolidado, integrarlo al equipo de estudiantes”.

Después de transcurrido el primer año de labores de 15, se evidenció que la participación masiva de los estudiantes del énfasis de periodismo y del programa en general no fue la esperada, pues solo 15 de aproximadamente 300 participaron en las primeras 24 ediciones. Quienes lo hicieron manifestaron que lo más satisfactorio es que “no hay mejor experiencia de formación periodística que escribir en un periódico que, como este, es un medio real, y es de calidad y está dirigido a la ciudad”, a la vez que lamentaron que los demás hayan desperdiciado esa oportunidad para aprender y adquirir muchos beneficios en la formación profesional.

Tras ese primer año el esquema y dinámica de producción se consolidaron, reafirmando los propósitos planteados en el proyecto como un periódico quincenal, con información de interés general para la comunidad.

El proceso paso a paso

El proceso de producción se desarrolló tal como se proyectó: un consejo de redacción en el que participaban directivos del medio y el equipo periodístico base, para definir los temas, el enfoque, fuentes, tratamiento y extensión; luego de la reportería y redacción de los textos, se efectuaba la revisión por parte de los editores, para seleccionar el material publicable; paralelamente en los cursos de periodismo, los docentes, además de los contenidos de la clase, estimulaban a los estudiantes para que escribieran material que se presentaba a consideración de los editores del periódico como colaboración.

Según testimonio de los estudiantes de la época, en el consejo de redacción, que generalmente se efectuaba al finalizar cada edición, revisaban cómo había quedado el periódico, se hacía una retroalimentación y sobre eso planteaban temas, algunos se proyectaban a dos meses y se desarrollaban gradualmente porque requerían un trabajo de investigación arduo, solicitud de derechos de petición, que respondieran los entes, conseguir las citas, entre otros aspectos. Los estudiantes proponían temas acordes con las áreas establecidas, los cuales se iban desarrollando con el acompañamiento de los profesores y de las personas experimentadas que en el inicio conformaron el equipo base.

Otro aspecto que destacaron los entrevistados es la independencia que ha tenido la labor periodística de 15. Pese a ser un medio dependiente económicamente de una institución (la Unab), ha gozado de total libertad editorial, pues los directivos nunca han interferido para definir los temas que se abordan en cada edición; incluso, han brindado su respaldo al equipo periodístico cuando alguna información ha ocasionado protestas de algún sector de la opinión.

Como muestra de lo anterior, el reportero Jácome Suescún refirió la siguiente situación: “Recuerdo que hubo un enfrentamiento entre la Secretaría de Salud de Bucaramanga con el rector de la universidad que entonces era Gabriel Burgos, por una información que publicamos. Hicimos un informe llamado ‘Bucaramanga sana’ sobre el programa de salud, cuando se universalizó la salud en Colombia a través de los fondos contributivos o de las EPS, pues aquí manejaron mal esa plata, entonces se hizo una investigación y el secretario de Salud llamó al rector a decirle que qué estaba pasando, que por qué publicábamos eso, el rector nos respaldó; el secretario amenazó con quitarle a la Unab la administración del Hospital del Norte. Finalmente no pasó nada”.

La reportería, una tarea que efectuaba cada estudiante-periodista con su tema, siempre tuvo el acompañamiento de los editores y consistía en: primero, buscar las fuentes, llamar a los amigos que tuvieran algún dato o a personas que pudieran facilitar el acceso y en caso de que las cosas fueran difíciles, buscar alternativas legales como acudir a un derecho de petición o informales, como hacerse amigo de las secretarias o conductores de los funcionarios. También se debía contactar siempre a las otras fuentes, las que no fueran oficiales, las críticas y los contradictores para darle equilibrio a la información.

En general el proceso se basaba en llamar, esperar, estar pendiente, buscar nueva información, actualizarse y documentarse. “Siempre había algo qué hacer, siempre había una nota, un dato por confirmar, para una pieza periodística siempre había algo qué hacer”, agregó el periodista.

En la medida que el estudiante hacía el cubrimiento de una información, iba engrosando su agenda de fuentes, la cual compartía con sus compañeros en tanto que cambiaba de asignación o variaba el cubrimiento de un tema.

En estos primeros años de 15, el periódico contaba con una persona dedicada exclusivamente a la labor de reportería gráfica. Fue una tarea un tanto difícil, pues los reporteros debían hacer la programación de las tomas para cada tema pues en ese momento solo contaban con una cámara digital y no existían los teléfonos inteligentes, entonces cuando necesitaban una foto urgente y el fotógrafo no estaba disponible, cada reportero debía tomar la fotografía con un cámara análoga y llevar el rollo a su revelado.

Con la información recopilada se elaboraba un esquema de acuerdo con lo establecido en el consejo de redacción; la parte fundamental de ese esquema es identificar el “hecho noticioso” (idea principal) para de ahí iniciar el desarrollo. Los reporteros de 15 sabían que debían contar con un buen paquete informativo, compuesto por hechos, datos y testimonios para escribir los textos, teniendo en cuenta no utilizar adjetivos y dejándoles la responsabilidad de las opiniones a las fuentes.

“Ese rigor fue producto de mi formación académica. Tuve unos profesores bastante exigentes y ellos me dieron esos elementos en mi práctica en 15. El proceso más interesante de aprendizaje era cuando editábamos los textos, nos sentábamos con el editor o el director a revisar la redacción, ese proceso de edición a cuatro manos es lo que realmente le queda a uno a la hora de volver a escribir”, manifestó uno de los redactores de 15.

Tras elaborar el texto, se procedía al montaje de la edición. “Yo agrupaba las carpetas por temas, tenía por ejemplo un contenido de Santander, otro de deportes… entonces me pasaban los textos ya revisados y escogíamos las fotos, yo metía los pie de fotos y pasaba cada carpeta a diseño; cuando el diseñador diagramaba el periódico, imprimíamos cada página y los coordinadores o el editor las revisaban, y luego yo era el encargado de hacer los cambios indicándole al diseñador cuáles eran. Era un trabajo de ‘carpintería’ pero ahí uno aprende mucho porque es pensar el producto en términos de diseño, que la foto comunique, que el texto faltante complemente, que el pie de foto no diga lo que hay en la foto sino que aporte información, entonces ese proceso de ‘carpintería’ permite comprender la complejidad del producto”, apuntó Jácome Suescún.

Sobre este proceso el director adjunto explicó que a medida que editaban los textos con los estudiantes y que revisaban en los equipos de los diseñadores todo el material, se diseñaba y se efectuaba el montaje del periódico en dos o tres días máximo, cuando el diseñador estaba dedicado solo a 15; al terminar este proceso, se alojaba el archivo final de la edición en el servidor del diario La Patria, de Manizales, donde lo imprimían. La empresa Servientrega se encargaba de su traslado hasta Bucaramanga y de la distribución.

El periódico se imprimió primero en La República (Bogotá) y luego en La Patria (Manizales) porque en Bucaramanga no existía una rotativa que permitiera la impresión en tamaño tabloide europeo, y en Manizales fue en donde se consiguió un costo más asequible para esta tarea.

Tras dos años de actividades, 15 se consolidó como un medio de información de la ciudad, hecho en la Unab por periodistas profesionales con la participación de un reducido número de estudiantes voluntarios de Comunicación Social.

15, por hacer parte de una escuela de periodismo, siempre ha exigido altos niveles de calidad en el material periodístico que se publica. Los estudiantes que participaban de manera constante no recibían remuneración por su trabajo; eran becarios, practicantes o lo hacían porque les gustaba o estaban interesados en hacer una práctica real desde la universidad. El periódico se constituyó como una plataforma para los que pasaron por él; muestra de ello es que han logrado ubicarse en importantes medios del país y presentar una hoja de vida con una muestra de trabajos periodísticos de alta calidad.

El equipo base era de cinco o seis personas en cada semestre y ellos eran quienes figuraban en la “bandera” (sección de una publicación donde aparecen los nombres de participantes y colaboradores). A este grupo se sumaban las colaboraciones de otros estudiantes que presentaban trabajos esporádicos, pero que no tenían la obligación de escribir para cada edición.

“Los estudiantes de este equipo base deben enfrentar situaciones que por lo general no propician las facultades o escuelas de periodismo, pese a que son inherentes al ejercicio de esta profesión en el área escrita y, por tanto, deberían hacer parte de sus metodologías de enseñanza: unos plazos de entrega estrictos, pensar en forma simultánea tanto en el complemento gráfico como en la diagramación, la presión de la hora de cierre, la calidad del contenido, etc. Esos requisitos y la exigencia que se tiene explican el reducido número de estudiantes que componen la redacción fija de 15: muy pocos estudiantes de nuestra facultad están dispuestos a someterse a este ritmo y a esta forma de trabajo, o simplemente no les interesa la prensa escrita”, reza en el documento elaborado por el equipo de dirección de 15 al cumplir dos años de actividades.

Esta declaración pone de manifiesto que si bien el periódico tenía sus puertas abiertas a la participación de estudiantes, no era un producto de la facultad, ni se utilizaba de manera sistemática como espacio de formación para ellos, sino solo para quienes querían hacerlo.

Además de los participantes, el periódico seguía contando con solo un periodista de planta (joven recién egresado), quien era el único que recibía remuneración por esa actividad, ya que los integrantes de la coordinación y dirección lo hacían por ser empleados de Producciones Unab.

Esta dinámica de trabajo, basada en la exigencia por la calidad, arrojó los primeros resultados representados en reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Escrito Universitario y el Premio Nacional de Periodismo ‘Simón Bolívar’, entre otros (ver anexo 10).

Pese a que se plantearon algunos proyectos como abrir un espacio de radio en la web del periódico y un espacio de televisión en el canal regional (TRO) con contenidos similares a los del periódico, no se cristalizaron y durante los dos siguientes años se mantuvieron los procesos y rutinas del periódico, salvo el cambio de algunos nombres en la dirección, coordinación y el equipo base.

Hacia la integración

El año 2006 marcó un punto de inflexión en el periódico 15 debido a dos situaciones: una académica y otra administrativa.

Desde su creación en 1982 y durante las décadas de 1990, 2000 y 2010 la Facultad de Comunicación Social de la Unab ha experimentado un constante proceso de autorreflexión y autoevaluación que ha derivado en cuatro reformas curriculares: 1984, 1995, 2003 y 2011; frutos de la tercera, fueron las Acreditaciones de Alta Calidad Nacional e Internacional, otorgadas respectivamente por el Ministerio de Educación Nacional y el Consejo Latinoamericano de Escuelas de Periodismo (Claep), en 2006. El modelo educativo, basado en Núcleos Integradores, fue el elemento fundamental para obtener estas certificaciones, las cuales fueron ratificadas en 2012.

En la reforma de 2003, el concepto de integración estaba basado en la articulación de saberes y acciones unidos por un interés común (tema-problema) para ser desarrollados en espacios de formación (seminarios o proyectos).

En la planificación de esta estrategia pedagógica se partía de la definición del problema; en el caso de periodismo, estos espacios de reflexión eran la noticiabilidad, el discurso periodístico, y conflicto y globalización, que permitían comprender la producción en los medios y evaluar el sentido del trabajo periodístico. El proceso se desarrollaba a partir de una Guía Inicial (teórica-metodológica) que continuaba con el estudio de textos, la consulta y confrontación de fuentes, y el seguimiento de medios, los cuales contaban con asesoría permanente de los docentes y a partir de estos pasos, se planeaba y desarrollaba la producción, para finalizar con una reflexión sobre esta.

En esta estrategia de integración, el periódico 15 era el espacio de producción tenido en cuenta en el noveno semestre, en el que se abordaba el tema “Periodismo y globalización”. Las acciones estaban orientadas a resolver el interrogante ¿Cómo se informa lo local en un mundo globalizado? Los cursos que se integraban eran Periodismo y conflicto, Crónica y opinión, y Medios especializados y multimediales.

Sin embargo, aunque se contemplaba que el periódico 15 era el espacio de producción de esa estrategia, el medio seguía bajo la tutela de Comunicaciones Unab (nombre que adoptó en 2003 la antigua Producciones Unab) y operaba de la manera que lo venía haciendo desde su creación; es decir, la facultad no tenía injerencia directa sobre él, por lo cual la participación de los estudiantes de los cursos de ese semestre se limitaba a ser un apoyo, pues el nivel de calidad exigido para publicar impedía el acceso a todos los estudiantes, obstaculizando así desarrollar a cabalidad lo que se planteaba como Núcleo Integrador.

El punto de inflexión administrativo obedeció a una reestructuración organizacional que vivió la Unab en 2006 con miras a hacer reajustes financieros, debido a que las instituciones de educación superior debieron ceñirse a las nuevas normas legales que les impedían recibir donaciones; a finales de ese año también asumieron los nuevos directivos de la Universidad: Alberto Montoya Puyana, rector; Gilberto Ramírez Valbuena, vicerrector Administrativo y Financiero, y Eulalia García Beltrán, vicerrectora Académica, quienes tenían como encargos principales finalizar la reestructuración y sanear las finanzas. Esta situación derivó en la salida de personal de todas las dependencias, una de las cuales fue Comunicaciones Unab y que pasó de tener más de 20 funcionarios, a solo dos: el director de la oficina y el jefe de prensa, por lo cual 15 estuvo a punto de desaparecer. El ajuste financiero y organizacional dejó al periódico sin presupuesto y sin el personal de base para operar.

Estas dos situaciones, académica y administrativa, fueron las que finalmente llevaron a que por el periódico 15 tuvieran que pasar todos los estudiantes de periodismo. Se identificó que pese a que la publicación estaba incluida como proyecto integrador, este no se estaba poniendo en práctica, debido a que la dirección periodística del medio no estaba en cabeza de un profesor del programa, sino de una persona ajena a la facultad, por lo tanto solo algunos estudiantes participaban.

Teniendo en cuenta estos aspectos y aprovechando la coyuntura, se determinó que la dirección del periódico estaría en cabeza de un docente del área de periodismo del programa de Comunicación Social y que para darle continuidad al proyecto los estudiantes de los cursos de periodismo de noveno semestre pasarían de ser el equipo periodístico secundario, a ser el equipo periodístico de base; es decir, dejarían de ser simplemente colaboradores para convertirse en los responsables de la producción y publicación quincenal del periódico; la universidad se comprometió a continuar aportando los recursos para producción, impresión y distribución.

Esta situación la recordó así la docente Correa Jaramillo: “A finales de abril de 2006, Juan Gonzalo Betancur, director hasta entonces de 15, tuvo un ofrecimiento laboral en otro país y antes de retirarse de la Unab, propuso mi nombre para remplazarlo. A partir de mayo de ese año y hasta mediados de 2007, cuando regresé a mi natal Medellín, estuve a cargo de la dirección del periódico y aunque vinieron tiempos de crisis por la culminación de estudios de casi todos los periodistas estudiantes que salieron a sus prácticas de décimo semestre, encontré respaldo total de otros estudiantes; por eso pienso que uno de los mayores aciertos de la Facultad ha sido mantener al periódico 15 y dar confianza a los docentes y a los estudiantes para que la carrera de periodismo se encarne en un medio fresco, cercano a sus vidas y que les permite conocer también historias maravillosas de una ciudad a la que ellos le siguen la ruta, palmo a palmo, como ejercicio de su quehacer periodístico y su aprendizaje académico”.

La nueva era de 15

Luego de ese periodo de ajuste (segundo semestre de 2006), a partir del primer semestre de 2007 el periódico tomó el carácter de obligatorio, pues por su redacción debían pasar los estudiantes de Medios especializados y multimediales, curso base del Núcleo Integrador de noveno semestre, que también lo componían Periodismo y conflicto y Crónica y opinión.

“La nueva etapa de 15 empezó cuando yo estaba en noveno, porque antes los estudiantes no tenían que estar obligatoriamente en el periódico. Eso fue en 2007, en el primer semestre de ese año. Lo que se hacía en la clase debía ser para publicar en 15. Hacíamos crónicas que eran para la clase de Crónica y Opinión y para el curso de 15 (Medios especializados y multimediales). Era una misma nota para varias materias.  Esos cursos estaban pensados de manera conectada; antes de Mary (Correa Jaramillo) no era tan conectado en el hacer, porque 15 tenía una vida aparte de la facultad. Cuando llegó Mary se empezaron a unir”, sostuvo María Astrid Toscano Villán, estudiante que vivió la transición, y quien sobre la misma opinó: “Me gustaba más cuando no era obligado. Las personas que estaban ahí, lo hacían porque querían, porque les emocionaba. Las discusiones eran más ricas, más abiertas. Con la obligatoriedad la gente tenía que entregar las notas, pero no era lo que más la motivaba. Para mí siguió siendo lo mismo, porque ya traía la dinámica, lo diferente era que las notas periodísticas ahora las calificaban. Para mí, noveno semestre fue más fácil, porque me quitó carga de trabajo, porque antes era algo adicional”.

A mediados de 2007 Correa Jaramillo dejó la dirección del medio y fue reemplazada por el docente del programa de Comunicación Social y comunicador social-periodista, Javier Sandoval Montañez, quien estuvo en ese cargo durante siete años, hasta el primer semestre de 2014.

En esta nueva etapa se formalizó el papel de 15 como proyecto integrador de noveno semestre; se ajustó el proceso de producción teniendo en cuenta que este era un grupo de estudiantes que además del periódico tenían otras responsabilidades académicas y que no contaba con el apoyo de un periodista de planta, ni practicante, ni fotógrafo, ni diseñadores, ni equipo de venta de publicidad.

El proceso de producción del periódico se adaptó a esta nueva realidad, sin perder de vista que debía mantener la calidad y la periodicidad. La planificación cobró vital importancia debido a que el cronograma tenía que cumplirse al pie de la letra para tener a tiempo el medio en manos de los lectores.

Con la desaparición del equipo periodístico base, la responsabilidad de la publicación recayó principalmente en los estudiantes de los cursos pertenecientes al Núcleo Integrador, con los inconvenientes que no a todos les gustaba el periodismo escrito, debían aprender el proceso y adquirir las dinámicas de producción en un periodo corto y que para cuando ya la estaban adquiriendo, terminaban su periodo académico; luego del receso de vacaciones (en el que el periódico seguía circulando), se debía comenzar desde cero con un nuevo grupo.

A lo anterior se suma que el diseño se tuvo que contratar con un proveedor externo, el cual se encargaba tanto del periódico 15 como del boletín Vivir la UNAB, y para disminuir costos, las directivas de la Universidad determinaron que dichas publicaciones alternaran su circulación, lo que ocasionó que 15 dejara de circular los días 1 y 15 de cada mes, para hacerlo los lunes cada dos semanas.

Uno de los estudiantes que hizo parte de este nuevo periodo, Jorge Luis Jiménez García, recordó cómo era la integración de los demás cursos con el periódico: “El curso central era Medios Especializados y Multimediales; las otras materias de cierta forma eran como la teoría e incentivaban el conocimiento sobre los géneros periodísticos. Tuvimos muchas lecturas de libros que tienen recopilaciones de piezas periodísticas latinoamericanas. Era un incentivo para conocer de periodismo. En 15 nos dedicábamos más a la práctica”.

Para que la práctica en 15 lograra el doble propósito de mantener una publicación periódica de calidad y cumpliera con la exigencia académica, el director diseñó formatos de control en cuatro aspectos: asignación de áreas temáticas y fuentes, cronograma de producción, participación en los consejos de redacción y evaluación de los textos. (Ver anexo 11).

Al inicio de cada semestre, los estudiantes recibían la asignación de las diferentes áreas temáticas en las que debían elaborar piezas periodísticas en cada una de las ediciones; con base en esa planificación, en el consejo de redacción presentaban el formato de propuesta para elaborar los textos. Entre los estudiantes y el docente-director se discutía la pertinencia del tema y de ser aprobado, se definía el enfoque, las fuentes y el género. A partir de entonces cada estudiante emprendía su labor de reportería que incluía la toma de fotografías, para posteriormente entregar el texto terminado según el cronograma establecido, para sus respectivas revisión y evaluación; de acuerdo con estas se seleccionaban los temas que serían publicados, los cuales tenían una “bonificación” en la calificación.

“Era importante tener claro cuál era la idea principal del texto. Se le trabajaba mucho al lead (nombre que recibe el primer párrafo de un escrito periodístico). Me interesaba hacer una buena introducción al tema y después desglosar la información de acuerdo con el género. Había que organizar el material de acuerdo con las bases que uno recibía en las asignaturas teóricas. El editor hacía observaciones de todo tipo: si la información estaba completa, si el título era llamativo; era muy riguroso en el tema de redacción, gramática y ortografía. Ese era un filtro en el que se ponía a prueba el texto.  Ahí se podía caer el texto por falta de datos o por acusar a alguien sin pruebas”, manifestó Jiménez García, quien agregó: “También acompañábamos el proceso de montaje con fotografía, diseño y armado. Había un incentivo o exigencia de presentar la información de una manera llamativa, podíamos proponer, pero a veces faltaba la iniciativa de nosotros como periodistas y también era una responsabilidad nuestra que a veces no se cumplía por la premura del tiempo”.

En la clase siguiente a la circulación del periódico, se hacía una evaluación de la edición publicada; se tomaba como base lo que se había propuesto en el consejo de redacción anterior y cómo durante el proceso eso se había convertido en la nota periodística publicada, los estudiantes hacían autoevaluación y coevaluación de los aciertos y errores logrados en ese proceso; ahí se identificaban las fallas que hubo en el proceso de recolección de información, abordaje de las fuentes, calidad de la información recopilada, redacción del texto y presentación final del tema en las páginas del periódico.

Al respecto, Jiménez García expresó: “Siempre después de la publicación hacíamos un consejo para la retroalimentación. Primero uno mismo hacía autocrítica, les preguntaba a los compañeros y buscaba otras opiniones. En el consejo de redacción había una retroalimentación, con el director, de todo el proceso. Era enriquecedor para todos: críticas y elogios con rigurosidad, también recibíamos correos de los lectores. Algunas veces las fuentes nos llamaban a agradecer o a darnos ‘palo’”.

En este tiempo el periódico logró mantener su nivel de calidad, muestra de ello son los premios y reconocimientos que recibió.

Esta metodología no ha variado en los últimos años, excepto por un par de ajustes derivados de la reforma curricular ocurrida en 2011; el primero, la modificación del plan de estudios del programa de Comunicación Social, que pasó de diez a ocho semestres. El énfasis de periodismo mantuvo sus cuatro semestres de duración; sin embargo, pasó de comenzar en el séptimo semestre, a hacerlo en quinto. El segundo ajuste consistió en que los estudiantes que participan del proyecto integrador periódico 15 pasaron de ser los del tercer nivel del énfasis de periodismo (noveno semestre) a ser los del segundo nivel del énfasis, es decir, sexto semestre.

Como parte del ajuste del plan de estudios los cursos cambiaron de nombre y se definieron tres líneas de conocimiento: Contexto, Teorías y Producción, que se integran para desarrollo de los Núcleos Integradores, que en el caso del periódico 15 corresponden a Periodismo y Contexto Nacional, Géneros Periodísticos II (crónica y reportaje) y Taller de Periodismo Escrito y Digital.

Ese reajuste fue pensado para lograr una mayor integración entre los cursos en beneficio del proceso de aprendizaje del estudiante; sin embargo, en la práctica no se ha consolidado. La estudiante Irina Isabel Yusseff Mujica contó su experiencia en este aspecto: “Al principio la integración no fue mucha, era muy aparte, en Contexto Nacional vimos varias cosas relacionadas con periódicos, la historia del país, pero no lo pudimos acoplar bien a 15, no tuvo relación, de pronto nos servía para estar empapados de cosas y poder desarrollar algunos temas. En Géneros II el primer corte (las primeras ocho semanas del semestre) fue más teórico, leímos crónicas y aprendimos cosas, pero ya en el segundo corte buscábamos cómo relacionar una crónica con un tema de 15, la variábamos, le dábamos la vuelta, veíamos cómo la podíamos relacionar. Los temas que buscaba, por tiempo y para hacerlo más didáctico, trataba que me sirvieran para la materia y para el periódico; para mi experiencia me sirvió para darme cuenta de que un tema puede hacerse de muchísimas maneras y que puedo hacer crónicas de un tema simple, de alguna localidad o de un tema de barrio o algo así, y también puedo sacar una noticia con más profundidad investigativa para 15”.

Desde sus inicios 15 se pensó como un medio que se podía consultar en dos versiones: física y digital. En los primeros años el periódico tuvo su propia página web, llamada periodico15.com, la cual desapareció obedeciendo a una reestructuración de los sitios de la Universidad y se convirtió en un portal de la Web institucional. Por dificultades en la administración, se creó un blog (periodico15unab.blogspot.com.co) y se incursionó en las redes sociales Twitter (@periodico15) y en Facebook (Periódico 15 UNAB).

En estos 13 años 15 ha publicado 307 ediciones (hasta diciembre de 2015) en las cuales han participado aproximadamente 450 estudiantes y ha obtenido 24 premios y reconocimientos, consolidándolo como espacio de práctica de periodismo en el programa de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

 

 

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